jueves, 19 de agosto de 2010

CERTAMEN LITERARIO ALBERTO NESTOR GARCIA PRIETO

PATROCINADO POR LA SECCION SINDICAL DE CCOO DE CEPSA MADRID

El MEGAFONOBAUL de las letras convoca el primer Certamen Literario en la modalidad de RELATO CORTO "Alberto N. García Prieto", en homenaje de nuestro muy especial y entrañable amigo.


BASES de PARTICIPACIÓN:

Podéis concurrir como autores y autoras, todas las personas que trabajáis o hayáis trabajado en las empresas del Grupo CEPSA Madrid, salvo las que pertenezcan al Jurado que evalúe las obras.

Las obras deberán ser inéditas (no hayan sido ganadoras en otros certámenes), no pudiéndose presentar más de un ejemplar por persona, de tema libre.

El jurado valorará la originalidad del texto presentado, así como su calidad literaria.

Los textos han de estar escritos a doble espacio, con cuerpo de letra tipo times new roman, tamaño 12. La extensión máxima de los trabajos será de dos hojas (por una sola cara) DIN A4.

La presentación de los relatos deberéis hacerlo vía e-mail a la siguiente dirección de correo electrónico: bauldelasletras@hotmail.com/

No es necesario indicar el nombre del autor o autora, pudiéndose presentar con seudónimo. No obstante, será imprescindible indicar número de teléfono de contacto.

Los trabajos podrán enviarse hasta el próximo día 30 de Noviembre de 2010. El 14 de Diciembre haremos público los tres mejores relatos a juicio de nuestro jurado. La entrega de las gratificaciones la haremos en un pequeño acto.

Los tres relatos “laureados” serán publicados en forma de cuadernillo. Asimismo, publicaremos todas las obras recibidas en: http://megafonobauldelasletras.blogspot.com/

La participación en este certamen conlleva la aceptación de estas bases.

RELATO GANADOR, gratificado con 150 €

2º RELATO CLASIFICADO, gratificado con 50 €

3er RELATO CLASIFICADO, gratificado con 30 €

Os animamos a participar a todas las personas con pluma literaria aparente y cosas que contarnos

http://megafonocomisiones.blogspot.com/

martes, 11 de mayo de 2010

EL RINCON DEL MIÉRCOLES, Corto Maltés

Probablemente nadie la miró de soslayo en las tardes inquietas de abril, nadie comprobó asombrado sus mil y una dulzuras y es casi seguro que sus pechos no recibieron el honor de la admiración de los hombres. El tiempo, cruel casi siempre, a ella la compensó; un día emergió de su penumbra perpetua con insolente voracidad por la vida. Decidió vivir, vivir intensamente, acaso inmersa en un incierto éxtasis mareante. Comprendió de repente que sólo ella podía elegir entre existir o ser la proyección del sueño de otro.

Y eligió la vida.

Esa tarde un lector descubrió perplejo que Dulcinea había desaparecido de todas las ediciones del Quijote que pudo consultar.

martes, 6 de abril de 2010

OIGO VOCES

… empuñando el útil afilado en la mano derecha, acercarse por detrás y, con la mano libre sobre su frente, obligar con firmeza a que muestre el lado derecho del cuello para tajar fuertemente junto al gañote asegurándose de que brota potente el chorro yugular…

(Pág. 69 del Manual de Supervivencia de los Cuerpos Especiales del Ejército de Tierra - 1975)

Oigo voces

Ellas me ayudan, me miman, me quieren; son mis amigas, mis alegres consejeras; me acompañan joviales, atrevidas, vitales, mostrándome en cada instante el lado bueno de las personas y de las cosas. Gracias a ellas, los malos rollos se minimizan hasta la insignificancia, mientras que el “buen” karma se agiganta, alejando los malos pensamientos.

No recuerdo un día gris ni una noche negra, siento que siempre es primavera, con el arco iris iluminando los días y la vía láctea alumbrando las noches huérfanas de luna.

No hay lunes flácidos en mi memoria. Todos los días, todos los momentos de cada día, desde que amanece hasta que vuelve a amanecer, son fiesta. Su presencia impregna de felicidad cada instante. Cada respiración hincha mi pecho de amor inmenso por todo lo que existe, ya sea real o imaginario. Cada impulso cardiaco produce un estallido de mil dulces colores que se me antojan los fuegos artificiales universales en cuyo centro me encuentro. Qué plenitud me invade, qué satisfacción, qué ganas de vivir…qué cielo.

No quiero ni pensar cómo sería el mundo sin ellas, mis amigas. Cómo sería mi vida si las desoyese, si me abandonasen.

¿Y ellos? Hace ya algún tiempo que “los pobres” no parecen tan gozosos. Se diría que arrastran penas por los pasillos y pausas.

_“Hay crisis,” se les escucha lastimeros allende las altas mamparas y _“Yo, Yo, Yo… y Yo,” el murmullo se escapa furtivo de los luminosos despachos. _“Competencias, evaluación, objetivos, Yo, Yo…y Yo… crisis… y más Yo,” tal parece que sus íntimas amigas les hubieran abandonado.

Las voces queridas me dicen que tengo que devolverles la felicidad perdida, ya no necesito tomar las medicinas, tengo el pulso firme y llevo unos días practicando con el maniquí de la abuela.

Empezaré con él, mírale, ahí sentadito en su despachito, tan monito…Ahora no es feliz, pero eso no importa porque las voces me piden con alegría infinita que le ayude y con bella melodía navideña me repiten:

”Pa-gi-ná se-sen-tai-nué-ve, fun, fun, fun…”

Serafín

sábado, 27 de marzo de 2010

AL TACTO TUS MANOS, SON CUBOS DE SEDA...

Danzando mis piernas
enredan tus cuerdas,
se para el sonrojo,
avanza el magenta.

Furioso mordisco
que enciende mis venas,
saltan colores
por mi frente y me queman.

Aguanto mi vientre
entre puños y estrellas,
si suelto el ombligo
se desgrana y chorrea.

Tu pecho se acerca,
tropieza, gatea,
y un paso separa
la llama y la cera.

Al tacto tus manos
son cubos de seda...

miércoles, 24 de marzo de 2010

LOS BUENOS MOMENTOS de José Ramirez

Desde de su lugar de vacaciones José Ramírez nos envía este relato.

Los buenos momentos

“Ahora vamos a hacer un ejercicio de relajación…. Pensar en una situación muy agradable que recordéis….”.

Busco apresuradamente entre los rincones de la memoria. Nada…Sigo… “José empieza tú”… Vaya encima me toca abrir la ronda.

“Estoy en blanco, ¿Puedo esperar?”, “Claro. Margarita…. ¿Lo tienes?”, “Si, durante el viaje a la Isla de Pascua…. “. Después, otro compañero venido de Algeciras revivía sus experiencias en el Serengueti… Y yo, seguía buscando, viajando por el espacio y el tiempo… pero no iba a contar algo que me pasó a los trece años. Un sombrero de paño marrón y cinta negra pasó delante de mis ojos. Realmente delante de mis ojos estaba otro colega extasiado por sus experiencias en Cancún. Y vuelta a pasar un sombrero de paño marrón y cinta negra o al menos el sol y el tiempo así lo habían dejado. ¡Claro, eso es!

Era un domingo por la mañana en Torredonjimeno. Había recorrido los estrechos pasillos del animado mercadillo. Desgraciadamente los mercados dominicales han ido perdiendo encanto. Mejor dicho, sus mercancías han ido perdiendo interés. Cada vez más, tienen su origen en lejanas fábricas de India o China y menos de las manos de artesanos locales. Sin embargo, en el mercado anexo quizás el único de la zona abierto los domingos, sí pueden encontrarse cortes de carnes locales o frutas y verduras arrancadas a la tierra en las vegas próximas al pueblo. En la puerta, una hortelana vende higos chumbos. Los higos en un viejo cajón de fruta, todavía de madera, a un lado. Al otro, un cubo de plástico acoge las punzantes cáscaras que la vendedora elimina de tres certeros tajos. “Déme dos”. Aunque el frescor de su pulpa, invita a uno más, y otro después, no conviene abusar de los higos dicen los lugareños, “Porque hacen tapón”.

En la parte alta del mercadillo, las mesas de un bar parecen invitarme a un descanso. “una cerveza… sin alcohol”. Una botella con el logotipo del parador de Jaén, sin duda en otro momento un potente alcázar, y un pequeño flamenquín están al momento sobre la mesa. Me calo mis viejas Ray Ban. No es habitual compañero, pero ese día llevo un MP3, me coloco los auriculares… suena Dulce Pontes. Las gafas me dan sensación de una cierta invisibilidad. Observo el bullir de las gentes revolviendo zapatos, sortijas y colgantes. Por encima de sus cabezas, las hojas de plátanos, catalpas y chopos se mueven al son de la pequeña brisa que alivia los calores de los cazadores de oportunidades.

La voz de Dulce apaga los comentarios de viandantes y casi los gritos de vendedores y vendedoras. “Vamos niña, dos por un euro. ¡Dos por un euro!”… “Tengo toda la moda. Lo urtimo de París”. Los canarios del vendedor de pájaros se mueven inquietos en sus pequeñas jaulas de alambre. Un joven gitano despliega un rollo de blanca sarga mientras la posible compradora pellizquea la pieza mientras gesticula al vendedor.

La música no desentona con el espectáculo. Más aún, las palabras de Dulce se mimetizan con el ambiente y aparecen como reclamos de una sagaz vendedora: “Pasión, amor, tristeza, saudade, olvido, miedo, uma sorriso, mentiras, beleza, esperanza, celos, amor, celos, dolor…”. ¡Vendo vida! ¡Tengo de todo!

Cuando bajé la vista de los árboles, el sombrero estaba allí. Cubría la cabeza de un viejo campesino vestido con una chaqueta gris y pantalones del mismo color pero algo más oscuro. Las prendas estaban limpias y planchadas, aunque aparentaban tener tantos años como su portador. Los zapatos parecían estar a tono con la ropa. El polvo del mercadillo los cubría e impedía hacer mayores conjeturas.

Su porte me recordó aquellos versos de Miguel Hernández que como otros, descubrí con Serrat, “Andaluces de Jaén, Aceituneros altivos”… Altivo aquel anciano miraba a izquierda y derecha, como si no quisiera ser visto. Yo estaba apenas a dos metros, pero no contaba: mis Wayfarer II me hacían invisible. El anciano se agachó y levantó en un ágil movimiento que parecía ensayado durante mucho tiempo. Se desplazó unos metros y repitió el ritual. Mirar sus zapatos, mirar a izquierda, derecha, otra vez izquierda y una rápida flexión. Esta vez descubrí que el movimiento acababa con la mano en el bolsillo de la americana. Unos pasos más allá repitió la operación y ahora comprendí su ejercicio. Buscaba una colilla por el suelo, se ponía a su lado y cuando nadie le observaba, la hacía llegar a su bolsillo.

Sentí una enorme tristeza que paradójicamente no enturbió mi gozosa media hora anterior. El camarero me acababa de dejar las vueltas sobre un platillo blanco. Unas monedas y un arrugado billete de cinco euros. Me quité las gafas. Lo cogí y me acerqué al anciano “tenga para tabaco”…se lo planté en su mano. “Gracias hombre”. Observé un instante su rostro profundo, altivo y, sin duda, con un gesto de agradecimiento… Me esfumé inmediatamente entre la gente. Me armé de mis Wayfarer (dos) y continué. Dulce seguía cantando dulce…

Se eu bailar no meu batel

Não vou ao mar cruel

E nem lhe digo aonde eu fui cantar

Sorrir, bailar, viver, sonhar contigo

“José, ¿lo tienes ya?”. “Si, claro…. Era un domingo soleado de la pasada primavera. En un pueblo de la provincia de Jaén…”

24 de Junio 2.008
La Manga del Mar Menor (Murcia)

HIJO DEL VIENTO de Miguel Gil


Cuentan en el pueblo, que en aquella casa vivió un hombre joven cargado de ideales y de valor más que probado. Vivió en tiempos difíciles, tiempos de incultura y resquicios de post guerra, de hambruna ocasional y poco dada a los afectos. Sin embargo, dicen de él que hubo un día, que con sus entendederas, fue capaz de cambiar y ver las cosas de otra manera, de aprender a escuchar y de valorar lo bueno que hay en los demás. ¿Cuál fue el motivo?, hablan de un cuadro famoso, pero nadie supo ni sabrá jamás lo que de verdad le ocurrió por los adentros, en el interior de sus entrañas o de su cabeza.

Piensan que algo debió pasarle en su interior, pues era un hombre normal, de aquellos de los de entonces. Se debió “pasar de tuerca” –dijeron-, tanto adobe puesto en las mañanas frescas de hielos o tanto tejado rematado en las tardes de sol plomero.

Fue una tarde de viernes, después de regresar de mimar sus viñas, -así se expresaba- se le vio por el pueblo cabizbajo y enfuruñado, como si llevase un buen fardo de leña a lomos, o como si algo le cortase el fuelle al caminar. Se acercó a la cantina de la plaza y se bebió sus dos claretes de tornas, no cruzando palabras con los que allí estaban. Le vieron que los sorbía poco a poco, como si los fuese saboreando en el paladar. Mas sólo llegó a decir al marcharse un “Buenas noches y a despertar que ya va siendo hora”. Dicen que fue por entonces, cuando empezó a cambiar, se le vio leyendo libros, escribiendo en los cuadernos e incluso hasta pintando pequeños bocetos. La gente, viendo de tal comportamiento, empezó a preguntarle por sus cepas o trigales con cierta preocupación, pero él, sin apenas inmutarse respondía “son mecidas por el viento y cubiertas por el Sol, yo tan sólo les doy agua cuando no les llega o las limpio para que no mueran por crecer en demasía”.

Al principio le tomaron por demente o en el mejor de los casos por iluso, “otro Quijote perdido” se dijeron. Pero con el paso del tiempo, se le empezó a coger cariño por todas las gentes, pues cuando estabas con él, parecía que te miraba para los adentros y como si comprendiese las miserias y vilezas que llevamos dentro, te escuchaba y o bien sonreía, o parecía que reflexionaba, aunque nada decía.

A menudo no respondía a las dudas o las preguntas que en confianza le hacían y eso desconcertaba a las gentes, pero también es verdad que él siempre decía “los consejos son como los colores, depende de quien los dé y con que gafas se vean, tan sólo haz caso a tu corazón, escucha lo que te cuenta”. No obstante a él se le veía que cuando le confiaban, a veces sufría o se le notaba como un escalofrío le recorría la espalda y se le ponían los pelos de punta o incluso hasta soltaba lágrimas mal disimuladas. Pero él, siempre estuvo ahí, de eso daban fe más de uno y eso sí que valía.

Pasaron las primaveras y también los inviernos, y se fueron acostumbrando a lo extraño de su comportamiento, aquello de “perder el tiempo” escuchando a la gente del pueblo…y sin rédito aparente o beneficio oportuno –pensaban algunos-

Dicen también, que por su forma de ser, empezó a levantar envidias y rencores, incluso se le acusaba en los círculos más poderosos, que había hecho un pacto con el Averno, o que tal vez fuese un hereje porque compartía lo que tenía, que a lo mejor era un agente de alguna sociedad secreta pero que en definitiva, aquello no era normal. Que si era bueno, debiera ser fraile y si quería distribuir la riqueza que se hiciese político, pero que si era loco debieran de encerrarlo en un manicomio, no fuese a contagiar a los demás.

Una tarde de primeros de primavera, se tomó una decisión por parte del Concejo del lugar; cuando apareciese por la plaza, a su hora habitual, debiere ser arrestado y en Comisión formada a tal efecto por parte de la autoridad política, religiosa y civil, se le interrogaría utilizando los métodos que fuesen necesarios, para así averiguar a que atenerse con aquel agitador de corazones.

Dicen también, que llegada la tarde noche de aquel día, bajó un hombre de las colinas, un lugareño, vecino de sus viñas y que mientras los otros esperaban al arresto, éste, les entregó un papel manuscrito que decía: “El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo lo nacido del Espíritu” y una firma casi imperceptible que a modo de rúbrica ponía, “tan sólo escuchar vuestro corazón”.

Y ahí quedó la cosa, no se volvió a saber nada más de él, registraron su casa y sus tierras, la plaza y las cantinas, la iglesia y los corrales, pero desapareció, desapareció como si lo hubiese absorbido el cielo.

Unos dicen que lo más posible es que lo mataran, otros piensan que huyó por los montes y riberas; incluso hay algunos que dicen, ¡increíble! que le vieron en la cárcel de mi pueblo.

No encontraron ni maletas preparadas, ni ausencia de comida, todo estaba normal en su casa; bueno ahora que lo digo, lo único que llamó la atención fue la reproducción en una de las paredes de algo parecido al Guernica de Picasso y algún que otro detalle del mismo cuadro pintado a carboncillo en sus cuadernos, pero nada mas.

Lo que sí es verdad, que desde entonces quedó en memoria de la gente la impronta de aquel ser, de aquella increíble persona, mas aún, aquí le conocen por el sobrenombre de: Juan espíritu del viento.

-¡Qué bonita es la historia! –replicó uno de los que escuchaban – Oye, y tú, ¿cómo sabes de aquello?

-Yo no sé tanto, es mi madre la que me lo cuenta cada cierto tiempo, y con lágrimas en sus ojos ya aviejados pero llenos de vida, siempre me termina diciendo: ¡despierta, hijo del viento!

SIN TITULO de Pako Galán

Pako Galán nos en vía la siguiente aportación al Cajón de Sastre:

El relato de Miguel me ha recordado éste, inédito, que con tintes autobiográficos reposaba en un cajón de mi desván y os lo mando por si consideráis oportuna su publicación.

SIN TÍTULO

“¿A cuántos rojos te has cargado?” Cada vez que me echaba en cara al abuelo Vladimiro en aquellas interminables vacaciones estivales, repetía la pregunta imitando a mis hermanos, y el anciano, complacido, respondía invariablemente que: “No me cargué a ninguno, me limité a adelantar su llegada a los infiernos.”

El padre de mi padre ganó la guerra y por tanto nosotros ganamos la guerra y nos sentíamos orgullosos de ello.

Parecía un hombre feliz, contento con su glorioso pasado militar del que siempre hablaba en forma rimbombante: “Nosotros aniquilamos el comunismo y la herejía y exterminamos a los enemigos de Dios y de la Patria y gracias al Caudillo, disfrutamos del mayor periodo de paz que jamás se haya conocido en España.” Con ligeras variaciones, ese era todo su discurso al respecto. Nunca supe gran cosa de aquella etapa de su vida, salvo que al poco de licenciarse del servicio militar obligatorio, estalló la guerra y se alistó voluntario en las filas franquistas, y que a la vuelta se convirtió en funcionario municipal, cargo que desempeñó hasta la jubilación. De su boca jamás oí contar batallita alguna, ni un ápice se le escapó ni tampoco escuche palabra alguna a terceras personas sobre su paso por el ejército. En mi recuerdo sólo queda un anciano de comunión diaria y, tras la misa, el vermú en el casino al que acudía con su inseparable cura de negra sotana con abotonadura infinita.

Murió de muerte natural en su propio lecho y tal como reza la esquela del ABC que mi madre conservó hasta su propia muerte, falleció cristianamente habiendo recibido los santos sacramentos de su amigo y director espiritual que le atendió hasta el último suspiro, tránsito que realizó en la paz del señor y rodeado de todos los suyos. Aunque a mi me ha parecido siempre que no nos movimos de Madrid y cuando nos comunicaron el óbito, mi padre acudió en solitario al entierro puesto que mi madre se quedó atendiéndonos para que no perdiéramos las clases.
Así, mi abuelo, con el que ganamos la guerra, como todo hombre de bien, dejó su cuerpo pudriéndose en el camposanto mientras su alma ascendía a los cielos.

Del padre de mi madre, jamás se hablaba en la familia, solo se hacía alguna mención a las vicisitudes que había tenido que pasar mi abuela, viuda temprana, para sacar a los hijos pequeños adelante y de las calamidades a las que se habían enfrentado para salir todos a flote. Pero he aquí que, tras las elecciones de 1982, en una visita a la tía Juliana, ésta recobró la memoria y relató como vinieron a sacar a su padre de la cama una fría noche de otoñó de 1936, y como entre la tropa que se lo llevó había al menos un conocido de la familia, José el herrero, y como lo desaparecieron, y como alguna inmunda cuneta se habría convertido en su inmerecido pudridero y como se habrían cerrado las puertas del cielo a su alma inconfesa y como aún al acostarse rememoraba aquel frío nocturno que no la abandonaba ni en las noches más cálidas.

Aquella tarde, en casa de mi tía, los que perdimos la guerra lloramos abrazados. Lloré por mi abuelo Serafín por primera vez y por mi abuelo Vladimiro también por primera vez y por mis padres que hicieron el amor y no la guerra y por todos los derrotados y los victoriosos de todas las batallas y por la Humanidad entera. Y lloraba por mí, porque llevaba los genes de la víctima y del verdugo, yo era a la vez juez y reo, pecador y fiel devoto, y cualquiera de mis dos mitades era incapaz de reconciliarse con la otra.

lunes, 22 de marzo de 2010

SAWABA de Consuelo Durandez

Un día incierto, una luz incierta y un mundo sólido y cierto. De una densa y terrible certeza.

Así respiraban sus pulmones las horas finales. Sus últimas miradas, sus últimos sentimientos. Últimos tactos también, en ese momento tan conscientes, fabricados por el tejido de sus neuronas aún vivas.

Iba a morir, ¿podía vivir, transitar el tiempo cerrado por la condena, con ese miedo inhumano?.
La cadena de acontecimientos que la habían conducido a la trampa mortal en la que estaba atrapada aparecía en sus recuerdos como un sueño ajeno. En ese sueño ella representaba el papel de espectadora e intérprete de unos sucesos que un orden extraño dirigía, hasta donde ahora se encontraba.

Vértigo e impotencia. Miedo y dolor. Así es como otros habían decidido que fuera este momento para ella. Y por las razones de otros. Con morales implacables y ajenas a los corazones de las madres. O las novias, las hermanas, las amantes...

Pronto sería pasado, innecesariamente pasado. Por sentir y dejar sentir las urgencias de su sexo. Por ser un ser sexualmente vivo y no haber ejercido el control legal necesario, moral e hipócrita, sobre sí misma. Por la juzgada impudicia de su conducta y la osadía del orgullo íntimo de desear y comportarse como cualquier hombre cada día, en cualquier lugar.

Se acaba, pensó. Un ruido de voces le indicó que a partir de ese momento solo podría contar en minutos las sensaciones de su piel. Y la rabia sucedió al pánico.

Y desde esa nueva rabia, decidió que aún estaba viva y que estarlo significaba la oportunidad única, última de elegir, y eligió su dignidad cerrando la puerta al miedo. Construyendo con su cuerpo la altivez de la razón y el derecho.

Escupió las normas de los hombres de su corazón dejando que su feminidad deslizara su identidad por el espacio antes ocupado, disponiéndose a morir como quien era, y por encima de todas las ya inútiles cosas, decidiendo morir por quien era: una mujer.

Sawaba convirtió a sus ejecutores en verdugos, privándoles de la condición de la justicia y en asesinato su muerte. Sawaba unió su sangre en la tierra a todas las sangres ya vertidas contra la vida, y acunó el futuro de otras muertes absurdas como la suya.

Así la ví yo aquel día incierto de luz incierta pero de sólida y cierta crueldad.

Quizás mi hermana muriera en vano, la muerte decretada nunca tiene ninguna utilidad, pero vivió y eso fué suficiente.

Ninguna mentira, ningún interés egoísta, ningún bárbaro pudo evitar su existencia conscientemente asumida y la denuncia lanzada desde sus ojos en su última mirada.
Así quedó fijada su imagen en mi pupila y así la recuerdo yo: cuerpo enhiesto de mujer y corazón de mujer altivo.

Desde entonces, así alimenta cada uno de mis momentos de cariño y rebelión.

El tuyo es el descanso merecido. En tu inaccesible ahora, descansa en paz hermana.

martes, 11 de agosto de 2009

...A VECES


Lo siento, lo siento...lo siento

Por el tiempo que pierdo con "malos humos"
Por los oidos tapados, cuando me hablas
Porque cuando me miras, sólo veo tus pupilas
Porque valoro más el fin, que el camino
Porque cuando te moldeo, no te siento

lo siento, lo siento...lo siento

Por eso, porque te quiero,
sentir con los cinco...sentidos

miércoles, 11 de febrero de 2009

CAMISA AZUL, última parte del cuento



2.-CAMISA AZUL


2.-CAMISA AZUL

Allí estaban, en mitad de la nada, de la bruma, en la niebla, en el bosque cercano, con sus camaradas, camisas azules…como mandaban las ordenanzas. Hablaron un momento entre ellos, ateridos de frío y entre cigarros prestados. Se sonrieron, se animaron, como quitando peso.

Era el momento, su bautismo de fuego, “si quieres ser de los nuestros…en el entrecejo”

Se miró para los adentros, notó el corazón prieto, las hojas caídas, los ruidos del silencio, agarró su pistola, sería un momento, dos pasos al frente, marciales, militares, serios, con energía; Levantó el brazo, recto, y apuntó en el centro, donde nacen las maldades y también el pensamiento.

Tragó saliva cometiendo el error, el que se temía, el único, el que no debía…miró al reo, al enemigo, al rojo, su contrincante, al “quemaiglesias”,… a la persona, al herrero del pueblo de al lado

De ojos profundos, rudos, plenos, ocres, de fragua, de convencimiento, y oyó el susurro, la voz del viento, o de su corazón “El día de San Juan, tú santo, bautismo de fuego, de los nuestros, de los nuestros”, cerró los ojos, que no los del preso, temblaron las piernas, las muñecas, la pistola, y oyó el estruendo, miles de árboles y pájaros, hojas y vuelos gritaron el momento, el paréntesis, de los muertos, y luego otro tiro, el de gracia, maldita la misma, y regresó el silencio; Pero su pistola no echó fuego y las miradas se clavaron, en el del santo, en él, el cobarde, el muy cerdo, el “maricademierda”, el traidor, el camisa rota que no azul color cielo nuevo “No es de los nuestros” –se dijeron-

Rugió el camión, se rompió el silencio, dos muertos había, uno en las entrañas del bosque, libre por fin, ¿y el otro?: en el asiento trasero ¡cobarde, cerdo!


3.-A TU MADRE

A tu madre la conocí “de huyendo”, como yo, vosotras erais pequeñas, aún no levantabais ni esto; Me fascinaron sus ojos y porque no decirlo, también sus pechos.

Ella estaba rota y cansada, como sus amigos, los que huyeron, los de la República.

Yo estaba muerto por dentro, me contó su historia, en aquel tren lento, la escuché con detenimiento, fascinado, boquiabierto, que si ideales, que si libertades, que si justicia, que si tierra para todos, que si…, ella confiada, cruzada la frontera ya no había miedo.

Entre sus pupilas y mis silencios hubo un encuentro, lo demás ya lo sabéis, me llevó al huerto, al de las ideas, a las que superan las banderas y las fronteras, los colores, los nacimientos, y me fue transformando poco a poco, hasta hoy, cuando ella está volando a otro sitio y mi espíritu se queda huérfano.

Supo hace un mes, antes de…, que yo, que fui el que, el que, cómplice, el que acompañó al que fuese su marido, vuestro padre de carne, el herrero del pueblo, a dar el paseo, al bosque, aquel día…el de San Juan, mi santo…no disparé pero yo también fui de aquellos…y, ¿sabéis lo que me dijo?, “lo supe al poco tiempo” y me dio un beso –te quiero-

viernes, 6 de febrero de 2009

LA REPUBLICA -Primera parte del cuento



Dobló la bandera con cariño, depositando trocitos de lágrima en cada pliegue y gotas de impotencia en cada planchada. Procuró que aunque fuese bien escondida en aquel hueco de muro, el morado de la tricolor quedase bien visible para que, por si alguna vez ocurriese y alguien descorriese aquel depósito, el tufo a libertad peleada le penetrase hasta lo más profundo del alma.
Selló el último hueco con restos de adobe incompleto desparramados por el suelo, barriendo hasta el último resto, pero no dio tiempo para más, ni siquiera a aprovechar el poco agua de la palangana, se sacudió las palmas limpiándose las mismas en la amplia falda. Debían de partir a toda prisa, y ella lo sabía.


La luz de la mañana se colaba sutilmente por entre las rendijas secas que dejaba la madera de la ventana, creando una sensación de esperanza entre aquel ambiente oscuro y de entrevelas, no se lo podía creer, echó una última mirada… dejaba tantas cosas, tantas alegrías, tantos anhelos, tantas luchas.


Pero no eran momentos para recordar los pasados, el sufrimiento, la vergüenza…era tiempo de volar a otras tierras mas abiertas. Recordó lo que siempre dijo su abuela, “si el enemigo es fuerte, no le hagas frente” y era verdad, tiempos habría en los que colocar cada cosa en su sitio, cuando se pudiese hablar o cuando hubiese paz y justicia… si es que algún día lo hubiera.


Dos hijas pequeña había esperando y que no entendían aún de sentimientos o libertades, les crujían las tripas, y ya ni agua tenían en las pupilas, debían recorrer un largo camino, eso era lo principal, lo demás ya vendría


Se guardó la llave entre sus pechos de viuda joven llena de fuerza y de corazón fornido. ¡Ala venga!, se dijo, ya habrá tiempos de desempolvar los momentos. Cerró la puerta a golpe de talanquera y oró por los adentros, por sus hijas, por su marido muerto, por una de las dos Españas marchando en desbandada, por su pueblo, por la herrería, la de su marido, por tantos caídos, por los que habían perdido la esperanza…y por ella. Antes de emprender el largo viaje miró de frente la gran Montaña, cubierta toda ella de pinos y nieve y vio como las cumbres se difuminaban con el cielo encapotado y lloró, lloró como lo hacía la montaña con el deshielo, en riada, lloró no por lo que viniese o dejase o por las hijas en espera. Lloró por la traición, por el corazón casi yerto, por los recuerdos ardientes y por las sábanas revueltas. ¿Quién había sido el culpable? ¿o es que debía haberlo?

miércoles, 28 de enero de 2009

LOLA


Hay personas que se elevan por encima de todas las calamidades, gente que no es que tenga mala suerte ni que sean imanes del infortunio, es que no lo sortean cuando éste les sale al paso, porque siempre eligen caminar erguidos.
Hay otro tipo de gentes, que en las mismas circunstancias bucean bajo las desgracias y tormentas, a veces hasta tejen ventajas sobre los escombros, incluso sobre el mal ajeno. Su fe es la supervivencia.
A ambas personas les une una cualidad: la dignidad o en su caso, la ausencia de ella.
Mi abuela Dolores formaba parte del primer tipo.
Lola, así la llamaban todos, era viuda joven, con dos hijas a criar y un futuro incierto a desarrollar.
La mujer del Herrero vivió en tiempos de convulsiones políticas y de presiones inmovilistas, pero a ella nunca se la vio derrotada ni abatida, ni siquiera se la vio jurar y menos aún llorar. Tampoco tuvo confidentes ni corralillos donde descargar, estaba sola y ella lo sabía. Dolores sin embargo aparentaba la fortaleza de los guerreros, tenía cabello largo, negro como la pez, unos ojos tan vivos como el fuego de su antigua fragua y una sonrisa cargada de ternura que hipnotizaba a los que rodeaba.
Cometía un error terrible, así se comentaba por la noche en las alcobas de los vecinos, un buen hombre podría arreglar lo que a buen seguro era “su” desgracia.
Pero a Dolores no sólo le dolían los huesos, las agujas que nadie veía perforaban el fondo de sus entrañas, atravesaban su corazón y se reflejaban en sus pechos solícitos, a los que muchos miraban. No quería otro Herrero que acallara el fuego interno, que apagara los rescoldos del alma, simplemente quería vivir, vivir sin más, que la dejaran en paz...y ¡soñar!
Una tarde llegaron al pueblo montados en camiones, una avanzadilla de jóvenes uniformados, decían que venían a restablecer el orden divino y humano. Cantaron himnos y rezaron, dieron consignas a correligionarios y a mas de uno le llevaron a ver un Sol lejano; Hablaron en la Plaza del pueblo de un dios, de una sola patria y de una familia autentica y algunos de los que allí estuvieron cuchichearon puñales silenciosos: “La Lola”, “La del herrero”.
Cuando llegaba la noche y las niñas tenían pesadillas se metían en la amplia cama y Dolores que siempre guardaba en el rincón de su armario una gran porción de ternura les decía: “No preocuparos, el Sol da en la cara a todos y todas y el verdadero Dios no tiene banderas, esta en todas sus criaturas hasta en los que no respetan y que lo importante, lo importante, acordaros, es luchar por lo que se cree y vivir con dignidad”. Cuentan en el pueblo que un día aquella mujer y sus dos hijas desaparecieron, no dijeron nada, tal vez se fueron, o se las llevaron o...Pero también me dijeron unos cuantos, que aquella mujer y sus vástagos no murieron, que más de una vez fueron ejemplos de hombres y mujeres que no se doblegaron.
Leí en los libros y periódicos, que hubo una mujer, también por aquella época, que con pasión gritó a los cuatro vientos “Es preferible morir de pie que vivir de rodillas”, aunque en honor a la verdad, no sé si fue mi abuela Lola, o alguien que como ella entendió: Que lo primero es lo primero. Al fin y al cabo, sinceramente, que más da...¡Hay tantas Lolas!.

martes, 27 de enero de 2009

40 inviernos 40 primaveras



Cuando tuve 6 años, sólo me importaba montar en bici y jugar con mis muñecas, "hacer castillos en el aire"; Cuando llegué a los 15 años "creía en el príncipe azul" todo él amable y robusto a la vez; Cuando alcancé los 25 "construí muchas ilusiones" a base de fusionar ahorros y compromisos. Pero, es ahora, por primera vez en mi vida, cuando empiezo a constatar que estoy en un punto de inflexión y de equilibrio, un sentimiento de madurez que me hace sentir que estoy pisando suelo, que sobrevuelo las tempestades que llevamos dentro, que rozamos las miserias en las que nos apoyamos para seguir viviendo sin apenas mancharnos.

Tal vez sean los cuarenta veranos vividos, al cien por cien, o los cuarenta inviernos que he creído sufrir, pero hoy con mis cuarenta y tantos, desde este lujoso día que me permite mirar hacia atrás y proyectar hacia delante, desde mí sentir que estoy a mitad de camino, desde mi feminidad que más que Género, es un adjetivo que impregna lo sustantivo de la vida; Hoy, como decía, presiento que necesito imperativamente una nueva gasolina, tal vez una escapada al Caribe, llenar de nuevo el depósito para poder salir hacia delante, retomar la ilusión de los quince o los sueños de los veinticinco, reemprender el camino sin necesidad siquiera de llegar a la cumbre, respirar cada instante, bañarme de cada momento, absorber todo el color que manda nuestro Sol o integrarme en la madre Tierra, convertida yo en pura esencia. Es ahora cuando puedo, o al menos me lo planteo porque en los tiempos pasados, las ilusiones, quedaron diluidas en la necesidad de "tirar hacia delante", en la lucha del día a día de tus hijos, tu trabajo, tu casa, tu marido, TÚ, TÚ, … y demás. Pero ¿y ahora qué?, ¿a que aspiramos?, ¿hacia dónde vamos?. Tal vez a convertir tu utilitario en un último modelo o tal vez como dicen algunos, llegar al culmen del no hay mas y poseer una Super casa con solarium, piscina, garaje y jardín Zen. ¿Es ese el sentido final?, ¿Es nuestra prolongación de la vida convertirnos en eso?, ¿en una burbuja maravillosa?, ser una triunfadora o triunfador que sus necesidades las transforma a golpe de talonario…que cada uno se examine a si mismo en el fuero mas interno.

Este privilegio de pensar, porque pensar, de verdad es un privilegio, de plantearme lo que he vivido y sobre todo en lo que quiero vivir, hace que me sienta viva, muy viva y este acto egoísta entre comillas, de pensar en una misma y que es tan, tan necesario, me permite ver que he de seguir caminando por el mismo sendero; Y es que tengo tan claro que mi futuro feliz no está en la lejanía de los tiempos, cuando no tenga nada que hacer-que estupidez- o en incrementar mi cuenta en los bancos para el por si a caso.
Quiero seguir viviendo en mis carnes, lo que tanto dulzor me ha dado en mis entrañas y que lo sentí especialmente cuando di a luz en ese acto doloroso e increíble de entrega, de sentimiento de que nada das, si no te das a ti misma. Es esa vivencia la que me permite que no escabulla, ni rehulla el bulto, de vivir las necesidades de la persona que tengo a mi lado, incluso de aquella que está a dos aceras de mi puerta.

Me he dado cuenta que el sentido de la vida, no está en la lejanía, al otro lado del Charco, sino que la propia vida, el caminar por la misma y el vivir y convivir con el que está a tu lado, hace que vida y sentido de la misma, se integren o se diluyan en un mismo concepto.

Al final, como siempre, he cogido el toro por los cuernos y me he dicho a mí misma: aquí estoy con lo que soy y que me echen otros cien inviernos con sus veranos.

Sólo me ha faltado el viaje a Cuba, pero…que quieres que te diga, también percibo, que con el que comparto mi vida, sufro, disfruto, sueño, me aburro, proyecto, en definitiva aquel al que amo (que también tiene sus cuarenta y tantos) y que también sueña con su Caribe particular, a menudo me coge mi mano, algunas veces con ternura y otras tan sólo por costumbre y me mira a los ojos y "sin hablar", me dice:
"No te vayas a Cuba porque" estoy a tu lado.

martes, 6 de enero de 2009

porque soy ECOLOGISTA


¿Por qué soy ecologista?

1.-Apuesta por la Paz, la Justicia y el respeto medioambiental
2.-Apuesta por el crecimiento… pero sostenible
3.-Oposición a la carrera armamentista, al tráfico de armas
4.-Oposición nuclear
5.-Apuesta por la energías limpias
6.-Superación del concepto político de derecha o izquierda: “somos ecologistas”
7.-Apuesta por “Gaiazar” al ser humano
8.-Todos somos hijos de la tierra, sin distinción sexo, religión, color etc
9.-Piensa Globalmente, actua localmente

¡que NO a la energía nuclear!




Y DALE....
¡que NOOOOO!,
Y SI LO QUIERES:
En tú salón,
que no en
NUESTRO planeta

sábado, 3 de enero de 2009

Botín es mi héroe ¿o no?



Opinión-LA TRIBUNA DE GUADALAJARA
23/12/2008
Botín es mi héroe, ¿o no?
Miguel Ramón Gil

En el mes de octubre y ya conocedores todos de la crisis que se nos venía encima, nos sorprendía la noticia que anunciaba la agencia Efe «Banco Santander confirma la compra del banco estadounidense Sovereign, en una operación valorada en unos mil 900 millones de dólares». Es decir, que D. Emilio Botín, presidente del Banco Santander, con su natural agudeza en los asuntos de los dineros, era capaz de tomar la iniciativa y tomar posicionamiento en el mercado estadounidense y mas concreto en el sector de banca Comercial en un momento de crisis, en un momento donde los agentes económicos no mueven ni un ápice los capitales no sea que…
Aquello era la bomba, y encima un español, un banquero cántabro «¡Es mi héroe!, mi referencia de persona emprendedora y valiente», llegaron a decirme en la cafetería de mi trabajo y a mí, sinceramente, aquella afirmación, me hizo pensar.
Es verdad que mi orgullo patrio se elevó unos cuantos grados, pero también es verdad que pensé, ¿y qué? ¿En qué me afecta?, ¿Qué es español el señor Botín? ¿Ése es el fundamento de mi orgullo?, porque no te engañes chaval -me dije-, todo este movimiento de capital, sea proveniente de quien sea, perpetúa el estado del modelo económico actual, el de siempre, donde seguirán existiendo las diferencias entre el primer y el tercer mundo, entre el habitante de la Moraleja y el de Alcobendas, el modelo donde se sigue explotando la tierra y a quienes lo habitamos, donde se inventan necesidades innecesarias por los mas avispados, donde el que ha tenido la suerte de nacer en un paralelo tendrá más suerte que el que ha nacido unos kilómetros más a bajo y porque se sigue viviendo, en definitiva, por encima de las propias posibilidades, sobre explotando la tierra, los mares, contaminando las aguas y el aire, destruyendo bosques, creando nuestras propias burbujas de bienestar a cambio del perjuicio de los demás.
Éste es el terrible modelo al que nos hemos acostumbrado, a la destrucción y a la degradación del entorno y con él, al ser humano. Y no nos engañemos porque no es un tema de regímenes políticos o de sistemas económicos, bien sean liberales o socialistas, demócratas o dictatoriales… es un modo de ser que tenemos dentro de nosotros mismos, ¡perdón!: de alguno de nosotros mismos. Unos lo llaman Darwinismo, otros depredador natural, y otros decimos que eso no es natural.
El Señor Botín, D. Emilio, no es culpable (o inocente) más de lo que podamos ser el resto y sino, no hay mas que mirar a nuestro alrededor, en nuestra casa misma, en nuestra habitación tal vez. ¿Cuántas televisiones tenemos, o cuántos móviles, o cuánto exceso de calefacción utilizamos o tal vez de aire acondicionado y cuánta comida tiramos a la basura o cuánta ropa hemos comprado que tan sólo hemos utilizado en una ocasión? Está claro que no vivimos en una burbuja y que el coche así como el móvil o el portátil se han convertido en un artículo de primera necesidad pero también es verdad que el modelo actual nos está empezando a pasar factura, ahora bien la pregunta que nos debemos hacer o no, es: ¿de verdad queremos cambiar?
Es el propio ciudadano el que sigue sin ver la necesidad de un cambio radical, porque sigue asumiendo la tesis de que «aquí no pasa nada» que todo son exageraciones de personas ‘raras’, de ecologistas de barba larga, o misioneros de la exageración; siguen creyendo que la propia tierra será capaz o es capaz de regular la acción predadora del ser humano
La crisis económica mundial ha dado, no nos engañemos, tan sólo un pequeño toque de atención a las economías reales de las personas, de los occidentales acomodados, diría yo. Esa crisis de ‘toque en el cogote’ ha hecho temblar a más de uno, pero sin llegar a cargar sobre los cimientos del sistema productivista. «En un par de años se vuelve a crecer a base de ladrillo y hormigoneando lo que se ponga por delante», te dicen.
En definitiva, se siguen poniendo tiritas a una realidad de futuro obscuro y que los diferentes regímenes son incapaces de solucionar.
Resumiendo y desde mi sillón cómodo, desde mi ordenador último modelo, con mi calefacción puesta en grado agradable, es desde donde yo me pregunto ¿por qué no ha de ser Botín mi héroe?

EL ANGEL SIN SOMBRA



EL ANGEL SIN SOMBRA
Completas
Nunca le había resultado agradable viajar y menos aún si el motivo era por trabajo, como siempre que salía terminaría durmiendo agarrado al almohadón y con la televisión de la habitación encendida pero sin sonido. ¡Terribles habitaciones de Hotel, siempre tan frías! –suspiró-
“En estos momentos nos encontramos a unos siete mil quinientos metros de altura, estamos pasando sobre el Canal de Suez, famoso no sólo por su obra de ingeniería sino también por las luchas que...”
La voz del Comandante sonaba lejana y metálica, pero era la señal, lo pactado con el Señor enigmático.
El tal Jota, así firmaba, lo dijo claramente, sólo abrir en el momento oportuno. El que paga manda, así es la vida –reflexionó-. Abrió el maletín y saco un sobre tamaño folio, quitó el precinto lacrado “es un clásico” recordó apuntar en su libreta de tapas negras, dentro un mapa con una cruz roja: Oasis de Farafa y un pueblo o aldea marcado con un círculo también en rojo. Apartó el mapa y leyó cuidadosamente una carta manuscrita del Señor Jota; Le recordaba lo que debía de hacer: “Sr. Griel su punto de destino como sabe es Egipto, pero su viaje como es lógico, no va a consistir en recorrer el Valle de los Reyes, sus monumentos funerarios, etc, su misión es acudir a un famoso pueblo situado al Sur Oeste del Cairo, cerca de un Oasis, en este enclave irá recibiendo pistas que le encaminarán a nuestro objetivo. Es muy importante que siga las instrucciones que le adjunto, es básico que usted esté en dicha aldea el día cuatro de Octubre. Saludos y espero tenga una buena estancia. Firmado Señor Jota.”
En el reverso del folio había claras instrucciones perfectamente numeradas y detalladas, las leyó un par de veces memorizándolas a continuación.
-Al menos sé que el viaje va a ser de tres días, que detalle por su parte. Un intermitente amarillo se encendió en el panel que tenía en el techo de su asiento. “Abróchense los cinturones”, miró por la ventana, era de noche, poco podría hacer ya, apuró con placer las últimas gotas del zumo de naranja y se ajustó a continuación al asiento que ocupaba, dejándose mecer por las maniobras de aproximación al aeropuerto.



Laudes
La noche había sido mala, daba lo mismo que hubiese cenado frugalmente, casi no había pegado ojo, las ojeras así lo atestiguaban, algo en su interior se revolvía, un sabor amargo en el paladar cuestionaba la misión.
Un par de horas a lo sumo, ese era el tiempo que su mente le había dejado descansar. Por otro lado tenía asumido el quebradero de cabeza que suponía comenzar una misión. Siempre era lo mismo, repasar, fijarse en los detalles, dar una oportunidad al instinto para finalmente sacar conclusiones..
Pero aquel trabajo era diferente, él perseguía a “los malos” en sus múltiples facetas: ladrones, asesinos, violadores, extorsionadores etc, y aquello no encajaba en las ofertas de la Agencia. Intentó recordar la conversación telefónica de hacía una semana. “Sr. Griel, me han hablado muy bien de su Agencia, pero especialmente de usted, tengo entendido que no dejan caso sin resolver y eso nos da una gran confianza en su profesionalidad.
Sin duda han sido clientes que han quedado satisfechos –le contesté- Bien es verdad que existen otros que hubiesen deseado mejores resultados. –un poquito de humildad no hacía mal a nadie pensé-
-Tiene que haber de todo, no obstante creemos que usted podría ayudarnos en nuestro objetivo, una misión especial, sin riesgo físico y le aseguro que bien pagada.
Aquello desde luego sonaba a miel, aunque uno no se podía fiar de las apariencias, bien lo sabían en la profesión.- Pues usted dirá-.
-Buscamos a un hombre bueno que ha perdido la memoria.
Al otro lado del teléfono se escuchó el sonido casi imperceptible del correr de un riachuelo”
Había repasado mentalmente todos los detalles, algo le inquietaba y no sabía que, algo no encajaba.
Por la mañana bajó al restaurante del Hotel desayunando copiosamente, el día podría ser duro, más valía recargar energías desde el principio.
La gente que estaba en el comedor eran Occidentales, ¿quién invade a quien?.-se preguntó-
Asfaw esperaba en la calle con toda la intendencia preparada, su guía era un auténtico profesional, al menos eso le habían dicho.
-El punto de destino está lejos, tal vez cinco horas, si quiere puede echarse una cabezada ahí atrás o contemplar el misterio del desierto en el asiento delantero, a mí me da lo mismo.
-Buenos días –le respondí-, si no le importa, prefiero ir de copiloto, si no le molesto claro. Con tal de llegar en fecha me conformo, ya sabe usted las instrucciones tan bien como yo - si había que ser frío en el trato, yo no me iba a quedar atrás.
-El día cuatro es el día que se celebra el aniversario del Ángel sin sombra-dijo de repente-
No pareció resentirse del picotazo verbal, -¿un ángel sin sombra?, ¿Qué es eso?
-Cada año se celebra su llegada, el Ángel es un hombre corriente que hace el bien, transforma la muerte en vida, las penas en alegrías, la destrucción en esperanza. Por otro lado es un ser normal que ni siquiera sabe que tiene ese Don o esa Gracia o...yo que sé. Alá el Infinito, el Misericordioso, le envía como consuelo a los mortales para despertar a los que están dormidos o muertos.
-Un hombre que hace el bien-repetí-, pero dígame, por qué dice que es un Ángel sin sombra.
El Jeep recorría mientras tanto la carretera interminable, atravesando un desierto del todo indiferente.
-La leyenda cuenta que un día, el Ángel, tuvo un encuentro con el Altísimo y éste le ofreció concederle un Don, pero él en su humildad rechazó tal prebenda. Una Gracia he de concederle, mas he de respetar su voluntad buscando la forma de dárselo-pensó Dios-. Finalmente Nuestro Señor encontró la solución, le otorgaría la Gracia que allá por donde fuese, su sombra y no él curase a los enfermos y diese esperanza a los desheredados, más nunca sabría quien hacía tal milagro ya que nunca vería lo que a su espalda tenía.
-Como leyenda no está mal, pero es un poco absurda pues, gran parte del valor de hacer el bien está en que los demás sepan que se está haciendo sino ¿de qué vale?.
-Asfaw le miró. -El valor del bien lo descubre cada uno en su caminar, si averiguas lo que significa ya no eres caminante, te conviertes en un peregrino, un ser que ya sabe a donde va, aunque camine. Esa misma pregunta se la han hecho muchos y es bueno, están vivos, otros aún están dormidos, pendientes de cualquier suspiro y muchos ni siquiera se la hicieron, están muertos. No habló mas durante todo el viaje, se limitó exclusivamente a indicar por donde transcurría.
El desierto contemplaba con parsimonia el recorrido del vehículo.
El oasis era considerable, aquello era un pueblo grande, estaba amurallado. Recinto histórico artístico había leído en una guía; Cruce de caminos, encrucijada de civilizaciones, modelo de tolerancia, había leído en otra. El conductor tuvo la deferencia de recorrer su perímetro indicando los sitios que tenían especial relevancia.
-No se pierda la Plaza de los Espíritus, merece la pena, tal vez le dé alguna pista.
El Hotel era sencillo, tenía una situación privilegiada. Desde la habitación que le había tocado en suerte, podía contemplar la plaza central, así como el alto minarete de la mezquita.
Antes de bajar a cenar, el investigador trató de poner en orden todas las ideas que había ido apuntando en su cabeza: Hombre bueno-no consciente-hacer el camino-día cuatro-un Ángel sin sombra-el valor del bien- el peregrinar de los que están vivos.
No encontraba el hilo capaz de unir todas aquellas piezas que le habían ido apareciendo.
La noche por otro lado invitada a pasear por aquel centro tan peculiar. La plaza de los espíritus era en realidad un lugar único, bautizado por la población con tal nombre, hacía referencia al emplazamiento de tres edificios sacros: la sinagoga judía, la iglesia cristiana y la mezquita musulmana. Parecía ser que los representantes de las tres comunidades se juntaban cada tarde a la caída del sol en un pequeño local donde compartían un té con unas pastas. Los feligreses del local decían que aquel centro se convertía en el auténtico lugar de ecumenismo de la tierra.
-Una moneda en el nombre de Alá –estoy enfermo y tengo hambre- le increpó un mendigo. Su estado era lamentable, su vestimenta andrajosa y la expresión de rostro era cetrina- El detective echó un vistazo a su billetera, tenía diez monedas sueltas, las manoseo, las palpó y finalmente soltó con vértigo cinco de ellas. Aceleró el paso, ya había hecho la buena acción del día. Pero un pensamiento le sugirió una idea. ¿Y sí?, ¿No será que yo..?. Tal vez sea yo.-se dijo- Torció su cabeza mirando nuevamente al mendigo, su sombra recaía sobre aquel al que había entregado las monedas –tonterías-pensó, -vaya estupidez se dijo a sí mismo. El mendigo retuvo la mirada, le estaba esperando, bien es verdad parecía más locuaz, más vivo, más.....¿sano?. -De diez que tienes, cinco te sobran -respondió- Nada das, si tú no te das, amigo
Aquel hombre se levantó del suelo, haciendo bailar las monedas entre sus manos, con total indiferencia se dirigió al local de la plaza de los Espíritus, mientras la sombra burlona le contemplaba. Cabizbajo retornó rumbo al Hotel mientras a su espalda escuchaba las risas de cada uno de los clérigos que en la tetería se encontraban.
El encuentro había despertado en el detective sentimientos contradictorios, los últimos acontecimientos le hicieron meditar creándole un cierto malestar; Lo primero la ingenuidad de pensar que él podía dar vida a la leyenda, algo inconcebible ya que para ello había que ser humilde y lo segundo no llegaba a entender el mito de la sombra, curar sin que tus ojos lo vean. El mendigo fue el remate, esta misión no es para mí.-se dijo- Demasiadas cosas raras, ¡yo abandono!
Pensativo caminaba rumbo al hotel, cuando alguien a su espalda le empujó, cayendo de bruces en el pavimento. No le dio tiempo siquiera a parar la caída con sus manos. El golpe en la cabeza fue fuerte. Se incorporó presionando la herida de la frente. ¡La cartera!, Se echó mano al bolsillo del pantalón, -me han robado, ya lo que faltaba- ¿qué más podía pasarle?, Miró en derredor, nada, nadie vio nada. Un ciclista pedaleaba a toda velocidad.
Llevaba un buen golpe en la cabeza, sentía unos pinchazos en las sienes, se mareaba. Nunca había recibido un golpe tan fuerte, bueno, tal vez sí.-pensó-Miles de imágenes le llenaban su visión, sin conexión aparente. Había leprosos, enfermos, desahuciados, heridos y gente agradecida. Un accidente de coche y un hospital. La cabeza le daba vueltas, se sentó un buen rato, estaba cerca de una de las plazas cercanas al Zoco. Quería ordenar sus pensamientos. ¿Dónde estoy?. Pasaron los minutos con su mente en blanco, había estado ensimismado sin saber el tiempo que había trascurrido, finalmente miró al reloj. Era hora de volver al hotel, descansar, dormir, dormir.
-Sr. Griel –le llamaban de recepción- un hombre, un pobre –se lo pensó- ha traído esta cartera y preguntado por Usted. Por cierto, si desea ayuda, tenemos un botiquín que ...
-¿Qué? –cogió la billetera, no puede ser, me la robaron, ...o eso creía.
-Puede comprobar si le falta algo señor, el que lo trajo tenía una pinta desarrapada, enfermiza, era un indigente conocido por su mala fama
-Sí, sí claro-. No faltaba nada, ni los documentos, ni el dinero. Dentro de la cartera había una nota manuscrita, parecían caracteres árabes. -lo podría leer por favor-, el recepcionista le miró,
-No sé si lo entenderá señor Griel, aquí pone: “De cinco que tuve, diez entregué” ¿Qué das si no te das?.
Es lo único que dice. Usted tal vez lo sepa interpretar Señor, señor Griel. Ya no le escuchaba, subía las escaleras como si llevase una carga pesada a sus hombros. ¿Qué estaba pasando?. El Sr. Jota, el enigmático ya le dijo que iría recibiendo pistas, pero nunca creyó que estas fuesen tan extrañas. ¿Y el objetivo?, ¿Dónde estaba?, ¿Quién era?. En el escenario de aquel teatro. ¿Que representaba él?, ¿La flecha o tal vez la diana?. Agotado se tumbó y durmió muy profundamente.

Vísperas
El despertador sonó a las siete de la mañana, pero fue hasta las ocho treinta cuando decidió por fin saltar de la cama. Vaya noche que había pasado, se dijo para sí mismo, iba a abandonar la misión, aquello le estaba costando la salud. Se asomó a la ventana, el frescor de la mañana desentumecía los huesos, pero notó algo extraño, un ligero temblor, la cama se empezó a mover lo mismo que la lámpara. No puede ser – se angustio-. El silencio en la calle era sepulcral, los gorriones tan pesados siempre, estaban callados, algo se avecina, pensó. Salgan a la calle, salgan, salgan. Alguien gritó desde la puerta, corran, es un terremoto. Pero la noche llegó de golpe, una oscuridad total se adueñó del pueblo. Calló al suelo, nuevamente se acercó al balcón, se agarró como pudo, la tierra temblaba, el edificio se movía, una sacudida, otra más fuerte, se oían ruidos de destrucción, otro latigazo. Y se hizo el silencio. Miró por la ventana nuevamente, el terremoto había sido devastador, apenas había durado minutos y las casas estaban derruidas, los templos, parecía, eran los únicos que resistían, los servicios de emergencia y los equipos de voluntarios aún no habían tomado conciencia de la magnitud del seísmo. Había que salir de allí a toda prisa. Tenía mucha sed, una sensación de resaca terrible, pero los grifos estaban secos. Bueno aún quedaba un poquito en la cantimplora, pero lo primero salir, se la colgó al hombro. ¿Qué hacer?, Bajó rápidamente las escaleras, tomando al vuelo su pequeña bolsa, dentro llevaba su documentación, la cámara de fotos, su incansable libreta de apuntes y un teléfono móvil sin cobertura.
En el Hotel no quedaba nadie, los turistas habían desaparecido, serían los primeros rescatados.
-Ayúdeme por favor, está mal herido –la voz venía del fondo, al lado de recepción. No se lo pensó dos veces, acudió a la llamada a riesgo que aquello se viniese abajo.
En el suelo estaba Asfaw, tenía una terrible herida en la cabeza, un individuo prestaba la primera cura, presionaba la hemorragia, pero aquello parecía no tener buena cara y al cabo de los minutos un último estertor surgió de su garganta, falleciendo acto seguido.
No podían hacer nada mas por aquel desgraciado. Salieron a la calle, era increíble, todo estaba gris, había polvo suspendido en el aire, gritos. ¿Era de día?
-Corra, corra lo malo de los terremotos es que repiten y eso es lo peor, corra, venga vamos. Estaba desorientado, en unos minutos todo había cambiado, no sabía que hacer.
-Agua por favor, oyó a su espalda, era una voz débil
-¿Eh? ¿Quién anda ahí?, Miró hacia atrás ¿quién es?¿, ¿Dónde está?
-Aquí, aquí, soy yo Asfaw, agua por favor. Griel no se lo podía creer, le había visto con sus propios ojos hacía escasos segundos, y le hacía muerto, estaba seguro. Sacó su cantimplora se la puso entre los labios y bebió. A Griel le ardía la garganta, tenía tanta sed como el herido, era la sensación de tener un estropajo dentro de la boca, pero había alguien que lo necesitaba mas que él. Le ayudó a incorporarse y apoyando su espalda en la pared, tragó lo poco que faltaba. El guía le miró a los ojos.
-Gracias, ¿ya te has dado cuenta verdad?, No puedes huir mas, tu misión ha terminado.
Era todo tan irreal, tan nebuloso, había tanto polvo y la cabeza le daba vueltas, los sonidos del silencio estaban vivos: dolor, angustia, miedo. Caminó hacia la salida y se paró en el umbral: Silencio. No había nadie en la calle, sólo destrucción, a su derecha oyó voces, había una puerta, antes no la había visto, estaba cerrada, empujó y se abrió suavemente. Notó una sensación de frescor, era agua, un riachuelo puro, cristalino, lento, muy lento, y a su vera había frutales, múltiples árboles diferentes.
-Adelante amigo, tienes sed ¿verdad?, Toma un vaso. Hacía tiempo no nos veíamos. ¿Ya te acuerdas?.Hace muchos años nos encontramos y te concedí un Don. ¿Te acuerdas Gabriel?. El ciclo de la vida, el bien y el mal, el principio y el fin. La sombra del ángel, aquel hombre que no quiso saber el bien que su sombra hacía. Y no lo veías. Un Don, que humildemente no querías. Pero ahora, ha llegado el tiempo del encuentro. Fuiste peregrino. ¿Estas cansado?.
Era un hombre alto, tenía barba y vestía una túnica blanca, transmitía una sensación de Paz, de infinita Paz. -Te habías dormido. Algunos creyeron que estabas perdido, pero tan sólo te habías dormido, un accidente de coche, fue una pequeña amnesia temporal mientras hacías camino. Necesitabas una llamada Gabriel. Bebe y descansa, esta es tu casa.
Gabriel miró hacia atrás. ¿Tanto trayecto había recorrido?. El sol le daba de cara y su sombra alargada se proyectaba más allá de donde él podía ver. Miró de nuevo de frente y asintió. Sólo había estado dormido.

EN EL MISMO ANDEN




LAUDES

Aceleró su paso mientras retenía la respiración más de lo aconsejable, a base de golpe de riñón consiguió robar cuarto de minuto el tiempo de llegada; Sin embargo, no sirvió de nada, el tren cerró sus puertas, literalmente, delante de sus narices, dejándole un sabor amargo en su paladar y un tufo a plástico en la nariz. ¡Como siempre!-se recriminó-
No se movió, no dio paso atrás, permaneció erguido y a pies juntos sobre la línea roja que demarcaba el peligro en el andén, mientras contemplaba en las ventanas que corrían, aquella imagen fija, alta, esbelta y de ojos tristes con abrigo verde que devolvía la miraba, su propia mirada, su reflejo.
Aquel tren se llevaba el presente, sus prisas y la de otros tantos, su música de mp3, su novela histórica de las que enganchan, su percepción de olores del que agarra la barra de sujeción cual alicate o de aquel que siempre casualmente parece que te está mirando sin querer, se llevaba en definitiva, la porción de tiempo que podía haber sido y que ya inevitablemente sería diferente.
Pero allí quedaba, devolviendo la imagen distorsionada por la rapidez con la que pasaba el tren, aquello que consideraba único, verdadero, puro, ideal, real: su alma, su ser, su presente.
Le vino entonces a su mente una corriente de imágenes de cobardías y valentías, de pasado, y de presente. Dio un paso atrás, cada cosa en su sitio –pensó- evitar peligros lo primero, “no cruzar la línea roja”, ese era el signo de madurez, ¿o no?
Miró a su alrededor y la vio, allí estaba, donde siempre, en el mismo lugar, pétrea, inmóvil, adormilada, ¿inconsciente?, en el banco de al lado de la salida, una mujer joven, rubia, desarrapada, mal peinada, excesivamente delgada, parecía una fantasma –pensó-
No hizo mas caso, se sentó entonces en el banco calentito de madera, reliquia de días contados, y de gusto con encanto a la par que práctico para los bajos de cada cual, miró con dejadez el cartel luminoso, faltan diez minutos, se dijo para sí y se acomodó nuevamente, dejó el maletín en el asiento y guardó sus manos en los bolsillos de su abrigo, dejando conscientemente que su mirada se perdiese en un punto en la lejanía, en el andén de enfrente, mientras con placidez abandonaba su mente a un viaje vago a través de los tiempos, de los sueños o los deseos.
A pesar de aquella situación de mala suerte, sentía un cierto regusto en permitirse, un espacio de pensamiento, unos minutos de estar consigo mismo, sin remordimientos, sin historias…

VISPERAS
…El BMV no corría, prácticamente volaba sobre el asfalto, con sus potentes faros iluminaba aquella inmensa oscuridad que cubría las afueras, miró el reloj del salpicadero mientras ella, apuraba sedienta el último trago de la botella, ¡esto no engorda!, ¡sin problema!
Se contemplaron y en falsa euforia de camaradería volvieron a reír. No importaba lo que quedase de aquel encuentro, ni siquiera importaba los comentarios que hiciesen quien los hubiese visto juntos, sólo se dejaban llevar.

MAITINES

Abrió su maletín lentamente, disimulando con exceso, intentando no darle importancia, aún le quedaba tiempo, el letrero así lo decía, entonces tocó con su dedo pulgar el recipiente metálico, la petaca, se aseguró que nadie a su alrededor fuese lo suficientemente imprudente para mirar, ni siquiera la chica, aquello era algo personal, particular, sólo suyo; Acaricio el recipiente, sintiendo la frescura del líquido que contenía, lo saboreó en su mente, concentrando los sentidos, la boca se le hizo pasta y decidió por fin echar un “traguín”, el médico no le iba A decir nada por un sorbito. El único que podía acusarle era su hígado, pero últimamente parecía que se estaba portando bastante bien, más aún, percibía desde hacía ya algún tiempo que todo mal físico se superaba, con tan sólo un poco de concentración.

Mojó sus labios y exprimió hasta la última gota de aquella esencia magnífica, percibiendo el ardor que suponía el recorrido desde su garganta hasta la boca del estómago.
Erizó la columna vertebral cuadrando su postura sedante, mientras una niebla espesa cortinó su visión
Un vehículo de gran cilindrada embestía brutalmente contra la pared de una estación de tren mientras el conductor alcoholizado reventaba el parabrisas sin contemplaciones. En el asiento derecho, el del copiloto, se percibía lo que parecía una muñeca humana teñida de rojo.
Guardó la petaca en el bolsillo derecho de su abrigo observando como la cortina de humo y la película que acababa de contemplar, era arrastrada a cola del tren que nuevamente acababa de perder.

Sintió una rabia brutal, un sudor frío que recorría su frente, tensó los músculos, apretó los puños, ¡mierda, mierda, mierda! –gritó para los adentros, no sabía cuantas veces había dejado pasar el tren ¿y ahora que? dijo esta vez en voz alta, siempre cada día le pasaba lo mismo, será la última, no habría más despistes, esto le podría costar el trabajo. ¡Quiero otra oportunidad! volvió a gritar, mientras espoleó el banco de madera donde continuaba sentado. ¡Una última oportunidad por el amor de Dios!

La dama pareció despertar del sueño, levantó su cabeza como quien quiere saborear el calor del sol, apartó entonces sus cabellos, dejando mostrar unos bellos ojos tristes, se desperezó sin disculpas, mientras se dirigía a las escaleras de cambio de vía.
¡Vaya, no es ningún espectro!, pensó, resulta que está viva, y por cierto que es muy bella.

Subió las escaleras como quien lleva a sus espaldas una gran carga, una enorme mochila de penas, había despertado por fin, así se decía, apartó nuevamente los cabellos de sus ojos, se atusó con los dedos ahuecando la melena, sacó entonces un alfiler de no sé donde, pinchando uno de sus dedos, una gota púrpura apareció reluciente, mientras con el otro dedo lo restregaba en sus pálidas mejillas.
Miró el reloj de la estación, ¡hoy sí, es la última oportunidad! De la boca del túnel surgió una brisa fría, mientras un gran ojo luminoso vislumbraba la presencia de un nuevo tren de horas punta.
Esta vez decidió levantar su palma derecha a modo de saludo a aquel monstruo metálico que la rebasaba, era la señal, lo pactado con aquel que un día y en la misma estación y a la misma hora, prestó sus oídos y su tiempo donde depositar aquello que la pasaba.
Una chisa de esperanza, o un suspiro en el desierto, un aquí estamos o un ya me importa un bledo, había sido las contradicciones en las que se había movido cada mañana, sentada en el único sitio donde nada ni nadie la increpaba, o la acosaba, en el mismo andén, en el mismo lugar; Miró su mano diestra, su dedo pulgar, aún supuraba del alfilerazo y decidió retocar sus labios a modo de carmín, era un truco de última hora que había aprendido en las pasarelas al desfilar. ¡Los representantes y las grandes marcas, no sólo miran las vestimentas!

COMPLETAS

“Martes 10, joven modelo sufre aparatoso accidente, permaneciendo en estado de coma, mientras el conductor del vehículo muere en el instante, se desconoce su identidad; Las causas: exceso de alcohol y de velocidad”
El recorte del periódico estaba tan manoseado que no la costó ningún trabajo hacer una pelota.
Un individuo en el andén, bien vestido, la despedía desde el otro lado de la ventana, no podía ser, se dijo, él era quien hacía ya algún tiempo la llevó en un coche, después de un desfile de temporada, él era quien conducía y quien…
Guardó su petaca en el bolsillo del abrigo, mientras sin que nadie pareciese percibir su presencia, se diluía entre brumas