lunes, 14 de marzo de 2011
EL LADRÓN de Estrella Cruzado
miércoles, 9 de marzo de 2011
PUEBLOS ABANDONADOS de Jesús Justo
viernes, 4 de marzo de 2011
UN PARENTESIS EN LA VIDA DE ROSA por miguel arias
lunes, 28 de febrero de 2011
si nunca hubieras sabido...por CARLOS LOPEZ VIVAS
Y así, me aprendí tu cara, y empecé a comprender tus gestos. No sé si tú los míos, porque al saberme observada no podía actuar con naturalidad.domingo, 20 de febrero de 2011
Todas esas veces que escuché: “Nadie te querrá tanto como yo”. EVA MARIA SANCHEZ SANCHEZ
viernes, 18 de febrero de 2011
EL JUBILADO PARCIAL
martes, 15 de febrero de 2011
Un futuro abierto...por Consuelo Durandez
domingo, 13 de febrero de 2011
EL SANTO CRISTO DEL BOTICARIO por Jodar Montanes
Todos los domingos tras la misa de doce, las ancianas al salir de la iglesia, solían acudir presurosas a la farmacia de don Ramón. Pero sólo las que habían sido despachadas durante la semana anterior por alguna receta. Accedían a una suerte de rebotica/capilla, y de rodillas le pedían a "El Manquito" que obrara en consecuencia. La mala calidad de los medicamentos del Seguro, obligaban al cristoéste a escucharlas ,luego quizás a conceder la gracia a la anciana que lo mereciera. Estos milagros son calificados ahora como sugestiones. La encargada de este menester era mi abuela,doña Gabriela Ugarte,donde anotada en una libreta, tenía el nombre de las beneficiarias con derecho a estas rogativas.
A los ojos de un forastero. El contemplar la escena que cuento, le llamaría la atención: Una patulea de viejas enlutadas al salir de misa protagonizaban una alocada carrera,desde la iglesia a la puerta de la botica. El extraño tendría plena libertad para elucubrar ; ¿será pajar en llamas?,¿una comadreja degollando gallinas?,¿unos amantes clandestinos sorprendidos en plena faena en las eras?,etc .Don Ramón se preocupaba que la población estuviera debidamente protegida, de los peligros progresistas de la Internacional Judeo Masónica,el gran insomnio del Invicto Caudillo. La fidelidad política de mi abuelo a su amado Franco,la demostraba orgulloso en una lápida de mármol blanco labrada a cincel por un marmolista, y fijada en el dintel de la puerta de su botica con esta inscripción:
"Francisco Franco Bahamonde. Primer Vencedor del Comunismo,en los Campos de Batalla"
Don Ramón de joven estuvo cuatro año o más cursando "latines" en el seminario. Iba para el sacerdocio,pero lo suyo no sería el vestir por la cabeza la sotana, porque dejó el seminario. Continuó con la tradición familiar de hacer la carrera de Farmacia,sin variar un ápice su apología a la fe. Cuando cambió la titularidad de la farmacia,al día siguiente ya estaba muy temprano aporreando la puerta de la casa rectoral : que le vendiera o regalara el cura aquella imagen falta de un brazo, y olvidada en el trastero de la sacristía. .La arregló con alguna que otra prótesis falsa, pintó y puso colgada en la rebotica. El recompuesto cristo ya tenía un nuevo trabajo: de colaborar, en la efectividad de las medicinas que expendía mi abuelo a los asegurados. De esta manera luchaban los dos ,contra la adversidad de tener mala salud los habitantes del pueblo.
A las ancianas del pueblo, es que les encantaba postrarse ante aquella imagen. Un domingo se encontraron éstas, que estaba primero en la cola para pasar a la rebotica Julio,el hijo menor del "Conejero" a valerse de aquel servicio sin haber comprado medicina alguna la semana anterior. La presencia del mozo originó un tenso malestar entre las pedigüeñas : su padre fue uno de los adeptos a la causa de Buenaventura Durruti, los que profanaron la iglesia. De no ser por su madre Leocadia,que trabajaba de interna en casa del jefe provincial de Falange,el muchacho no hubiera estado allí, hubiera llevado algunos años su progenitor abonando las malvas de la tapia del cementerio del pueblo,o los cardos borriqueros de una cuneta cualquiera.
Pio Baroja,escribió en su día: " El hombre nace con dos alternativas respecto al azar; la torcida y la derecha". Julio tenía ese día a partes iguales de las dos: don Ramón,ese domingo amaneció acatarrado, y permaneció en cama. De encontrarse bien, mi abuelo no le hubiera negado la entrada; le habría mostrado una cara de pit-bull, y el hijo del anarquista persuadido, no se hubiera adentrado en la rebotica milagrosa.
Pero fue poco el tiempo estuvo Julio ante "El Manquito".No se postró ante él como era obligatorio; de la rebotica salíó el grito de mi abuela doña Gabriela Ugarte, seguido de dos dramáticos ¡ay,ay¡, el hijo del "Conejero" salía tambaleándose, manando sangre por la cabeza como un toro de lidia en el tercio de varas.
A la zaragata que se formó,don Ramón bajó muy nervioso preguntando qué había pasado. Doña Gabriela Ugarte estaba sentada en su butaca presa de un “vitangillo”.Con ambas manos tenía asido el pesado recogedor de hierro de las cenizas del hogar.
Al cuarto de hora, la guardia civil, los "miguelicos".
-¡Buenoh diah...,¿se pué sabé,qué coño ha pasao aquí?,nos han avisao,que de la botica ha salío uno con la camisa liá en la cabeza, y que va exando los sesos por la boca.
Mi abuelo,se dirigió al que era el de más graduación.- Hágame usted un favor: présteme su mosquetón de reglamento,que el peine de seis balas se las disparo en menos que canta un gallo, al hijo menor del "Conejero".
-¡Aquí naide¡.-le responde hoscamente el cabo de la Benemérita.-se va a liá a tiroh.¡Jacintooo,vete exando a la calle a estas agüelas¡.¡Que se vayan pa su casa a fregar loh plato, o que barran el corrá¡.
Dos tazas de valeriana fueron necesarias para calmar a doña Gabriela Ugarte. Le dejaron los labios escaldados. Vuelta en si, en el suelo dejó la badila de las cenizas, se ajustó los quevedos en la nariz,y le dijo al guardia por el zafio carácter que mostraba:-¡Ni se le ocurra,delante de nuestro Jesús "El Manquito",decir una palabrota,o una irreverencia¡.
-¡Señooora: a mi dinguna muhé me manda¡,lo que va hacer ahora es contá toa la verdá, ¿cuantas veceh ha agredío con "eso" a la víctima?.
-¿Yo?.- Respondiendo mi abuela con desdén.-¡Las justas y necesarias¡, ¡ni una más,ni una menos¡
El cabo sorprendido por aquella lacónica respuesta-¿No pensó,que lo podía habé dejao má tieso que un ajo?, ¡joéee¡
-¡Me importa un carajo.-Mi abuela poniéndole virilidad a su confesión, toda una Ugarte-Pero ese rojo no entra más a mi casa a rogarle a nuestro cristo: Tu que eres famoso haciendo milagros,a ver si al salir de aquí me pones en la calle un billetico de mil pesetas,que tengo ganas de....
-¡Ganah de qué, ¿de comprase unos apargates pa la romería?
-¡De gastarse mañana el billete en esa casa de malas mujeres¡.
lunes, 7 de febrero de 2011
Feliz Samuel de Valeria Mesalina
jueves, 3 de febrero de 2011
TAXIS A NINGUNA PARTE DE Ketedhen Yalevale
jueves, 27 de enero de 2011
SU MIRADA. De Silvia Dominguez
domingo, 23 de enero de 2011
ASCENDER SIN TREPAR por Isabel
jueves, 20 de enero de 2011
LA CIGÚEÑA QUE NUNCA VÍ por Angela Suarez
domingo, 16 de enero de 2011
INMORTALIDAD por Jesús Lazaro
finalista del certamen literario Alberto N Garcia PrietoHabía estado un largo rato hojeando aquel informe médico y no había encontrado la fatídica palabra. Entre ese galimatías de grafismos impronunciables no había ni rastro de ella. Era evidente que no estaba allí, que nadie había querido que quedara reflejada explícitamente entre aquella monótona repetición de sufijos que se debatía cansinamente entre las -itis y las -osis.
No obstante, él sentía la resonancia del vocablo dentro de sí, como un enorme badajo que golpeara en su interior y esparciera la reverberación por todo su cuerpo.
Hacía más de un año, mucho antes de que recibiera el fatídico sobre, que sentía que su tiempo se acababa, que su fecha de caducidad, ésa que está escrita con tinta invisible e indeleble en cada niño que nace, ya estaba próxima. Durante todo este tiempo había pensado qué haría, cómo lo afrontaría, qué sería lo último que le gustaría hacer. Pero ahora, que la sola omisión de una palabra le confirmaba la cruda verdad, se encontraba perdido. La inmediatez de la nada con su corolario, el olvido, lo sumió en un profundo y devastador silencio.
Al deambular por la casa sus pasos le llevaron a la biblioteca. Su colección de novela negra estaba allí esperándole, siempre fiel. Cogió su libro favorito…
Marlowe estaba en su negra oficina esperando un caso lo bastante interesante como para que mereciera la pena escribir una página más. En la pieza entró un hombre, delgado, enjuto, ni demasiado viejo ni demasiado joven, llevaba un sobre color sepia que se agitaba continuamente con el temblor de su mano.
- Sr. Marlowe, he pensado que quizá usted necesite un ayudante.
- Ha pensado usted demasiado, ahórrese el esfuerzo. Yo trabajo solo -dijo el detective con una voz tan ronca que parecía salir del fondo de la voluta de humo que exhalaba su negra boca.
- Pero, yo podría …
- Silencio, ya he dicho mi última palabra, por favor, váyase y no olvide cerrar la puerta.
- Entonces, no me deja usted otra opción…
De repente, el extraño personaje sacó de su bolsillo un reluciente Smith and Weson y descargó su cargador sobre el detective, que apenas tuvo tiempo de levantarse de la silla. Una vez cometido el abominable crimen, el asesino arrastró el cuerpo a la habitación contigua, limpió la sangre y, plácidamente, se sentó a esperar en la misma silla en la que el detective había estado sentado minutos antes.
Al poco se oyeron pasos y la puerta se abrió dejando entrar una corriente gélida, estremecedora.
- Lo que usted busca está en la habitación de al lado -dijo el intruso-. Lléveselo. ¡Ah!, y llévese también este sobre.
Al caer la tarde, se oyeron otra vez pasos en el corredor y la puerta de la oficina se abrió de nuevo.
- ¿El Sr. Marlowe?
- El mismo, ¿qué se le ofrece?
- Verá, el caso es difícil de explicar.
- No se preocupe, tenemos una eternidad de tiempo por delante. Cuénteme…
Una gris madrugada lo encontraron, sentado en el sofá de su casa, con un libro abierto en el regazo y en su rostro, la sonrisa etrusca de la inmortalidad.












