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domingo, 8 de abril de 2012

ELVIRA SUAREZ PAREDES- FINALISTA- DEL PERIÓDICO LA ENCICLOPEDIA DE LAS PALABRAS



La Enciclopedia de las Palabras es un periódico, o eso dicen. En realidad tiene el formato de un periódico al uso, pero sus contenidos no tienen nada que ver con lo que cualquier persona con dos dedos de frente espera encontrarse en las páginas de un diario. Cuando llegué a esta ciudad, el aburrimiento me hizo leer y leer sin descanso. Un día, la casualidad (aunque me gusta más pensar que fue el destino), quiso que La Enciclopedia de las Palabras llegase a mis manos. A un pobre hombre le cayó de la bolsa de la compra y, en condiciones normales, se lo hubiese dicho: <<¡Eh, señor, le ha caído el periódico!>>. Pero en aquel momento no lo hice, algo dentro de mí me impulsó a no pronunciar esas amables palabras. Me agaché y lo cogí. Para evitar que el hombre se percatase, giré en la primera calle que me encontré. Al principio me dije a mí mismo que no me había comportado como un buen ciudadano, pero pronto expulsé esos minúsculos remordimientos de mi mente con la certeza de que si la casualidad o el destino habían actuado así, por algo sería.
Serenado y acompañado de una buena cerveza, me dispuse a leer aquellas páginas. Después de un buen rato, mis ojos se toparon con la sección de anuncios. En el centro de la página cuarenta y cinco había un rectángulo que destacaba sobre todos los demás, era como si la editorial apostase por aquel anuncio. Leí lo siguiente:
 
MUJER, 45 AÑOS, BUSCA HOMBRE INFIEL.
Harta de novios fieles y perros rastreros, busco algo nuevo. He salido con cuarenta y cinco hombres. Todos ellos llenaban su boca con palabras acarameladas y me hacían regalos. ¡Qué asco de tíos! Con el último sólo aguanté cuarenta y cinco días. Si eres infiel, llámame. Juntos podremos ser felices. No necesito más de cuarenta y cinco minutos para saber si eres mi hombre. Te espero. Teléfono: 87990234.
 Nada más leer estas palabras, no pude resistirme a coger el teléfono y teclear el número que la señora ofrecía. Con el aparato apoyado en mi oreja, me vino a la cabeza una pregunta: << ¿Qué cojones estoy haciendo?>>, no me dio tiempo a responderme a mí mismo, pues una voz femenina, dulce y melodiosa, me sorprendió:

-¿Digarr? –pronunció con un acento que nunca antes había oído.
-Eh…, ho…hola. Lla…llamaba… -las palabras parecían quedar pegadas en mi garganta.
-Hola, tranquilorr. Sé de sobrar por qué llamas. Por el anuncior, ¿verdad?
-Sí, sí. Así es.
-¿Erres infiel?
No estaba preparado para responder a esta pregunta, ¿cómo diantres lo iba a estar si nunca había tenido novia? Para ser infiel había que tener pareja, digo yo. Durante unos segundos, que a mí me parecieron eternos, el silencio se incrustó en el teléfono. Fue la voz femenina la que rompió esos instantes de agonía.
-Te preguntor que si erres infiel. Infiel. Necesito saberrlo, no tengo ganas de perderr el tiempo.
Mi pensamiento circulaba a un ritmo demasiado lento, pero a pesar de todo, fui capaz de decir lo siguiente:
-¡Sí!
-¡Oh, estupendo! Entonces podemos verrnos a las 22:45 en el pub Cuarrenta y cinco copas. ¿Sabes dónde está?
-Sí, creo que sí.
-De acuerrdor, allí te verré.
Nada más pronunciar estas palabras, colgó el teléfono, como si tuviese prisa por hacer otras cosas.
Antes de que las manecillas de mi reloj acariciasen las nueve, comencé a acicalarme para convertirme en un nuevo hombre. Los nervios me atenazaban sin compasión, no quería parecer un completo imbécil, aunque en realidad, así me sintiese. Abrí la puerta de mi casa y me dije: << ¡Vamos, Emilín! El mundo está en tus manos>>.
En mi caminar, atravesé una pequeña crisis, pues la pregunta: << ¿qué cojones estoy haciendo?>>, volvió a posarse en mi cabeza como una molesta mosca. Conseguí evadirme de ella imaginándome el cuerpo de la mujer que iba a conocer. Cuando quise darme cuenta, las luces de neón del Cuarenta y cinco copas llamaron mi atención. Conté hasta diez, respiré profundamente y aceleré mi paso para entrar en el local.
Había muy pocas personas, así que, no me resultó complicado vislumbrar a una mujer solitaria. Me dirigí hacia ella como si la conociese de toda la vida.
-Hola, soy Emilín. Hablé contigo por teléfono.
La mujer posó en la barra el vaso que sostenía y miró su reloj.
-Empezamos mal, Emilín.
Me quedé atónito. <<Con esta cara de memo, ¿dónde vas, Emilín?>>, me dije a mí mismo.
-¿Cómo te llamas? –le pregunté.
-Mabely, hijo, Mabely –dijo, esbozando una sonrisa socarrona.
-¿Qué pasa, no soy tu tipo? –quise saber.
-Crreo que no, ¿has visto que horra es? Hemos quedado a las 22.45 y son las 22.35.
-Pero… ¿qué problema hay? He sido puntual, ¿no?
-¡Sí!, demasiado puntual. Me gusta esperrar por los hombres. ¿Es qué no has estado con la otra?
-¿La otra?, ¿qué otra?
El rostro de la mujer se ensombreció, como si mis palabras le hubiesen hecho un daño terrible.
-¡Maldita sea! ¡Me dijiste que erras infiel! Me has engañado.
-Sí, pero a quien tengo que serle infiel es a ti, ¿no?
-Déjalo. Date la vuelta, quierro verr tu cuerrpo serrano.
Le hice caso y, como el mejor de los modelos, di varios giros sobre mí mismo. Sentí cómo sus manos palpaban mis nalgas.
-Bueno, no estás mal. Esperra, voy al aseo.
Esperé y esperé, pero la mujer no regresó.
Desilusionado, decidí pagar para irme, pero… ¡mi cartera! La mujer me había robado la cartera.
Tuve que salir de allí haciendo uso del arte del disimulo.
Cuando llegué a casa, cogí La Enciclopedia de las Palabras y le prendí fuego.

miércoles, 4 de abril de 2012

ISABEL GALAN - FINALISTA -UNA HORA


Una hora
Amaneció como una mañana de primavera cualquiera. Se intuía un día soleado, uno más hacia el trabajo, uno más guardando en el bolsillo los gestos de la gente que iba en el tren, uno más sonriendo sacando parecidos, uno más de andenes llenos, empujones, maletas, carreras, conversaciones de estudiantes, euforia malsonante, razas, vestimentas dispares, rastas y cabezas afeitadas, oídos succionados por brillantes auriculares, páginas de libros pasando una tras otra embelesadas ante la mirada de su lector, una simple hora, triste e inevitable para algunos, enriquecedora para otros, una hora más de camino.
Al finalizar la tarde, Eulalia apagó su ordenador, tomó su cazadora y al recoger el último lápiz que esperaba aún despistado la caricia de sus dedos, sonó el teléfono. Se sorprendió al escuchar la agradable voz que tiritó al otro lado de la línea. No fue una llamada más. Fue la que por fin esclarecía ese error que estuvo pululando por su mente, chocándose con los muros y adoquines de sus neuronas una y otra vez.
Dos días después, recibió un sobre procedente de Sevilla con la documentación que necesitaba, junto a una nota adhesiva de color amarillo que decía -‘Todo tiene solución. Un abrazo. Diego Villegas’-. En ese instante supo que tras esas palabras sólo podía esconderse una buena persona y un fiel compañero.
A partir de aquel veintidós de mayo no cesaron de viajar notas de colores entre Madrid y Sevilla. Un sencillo ‘¿Qué tal estás? y un abrazo’; un ‘Hola guapetona, espero que algún día nos podamos ver, aunque de momento tengamos que aprovechar los medios telemáticos y las notas como ésta para comunicarnos’, bastaban para que la ilusión invadiera la oficina el resto del día. Diego le envió un abrazo fuerte y un besazo en rosa fucsia; ella, al principio, un tímido beso y un hasta pronto en una nota en forma de árbol. Entre una y otra, quebraron el silencio llamadas de teléfono, alegrías en momentos de oscura concentración, de estructuras secuenciales, pseudocódigos, bucles y algoritmos corriendo tras ese fuego fatuo imposible de alcanzar.
Transcurrieron el verano y el otoño dejando paso a las huellas invernales que serían parte del mañana, a notas volando de ciudad en ciudad curioseando las palabras en ellas impresas, una naranja y otra verde en forma de beso estampado con el carmín de sus labios, para que él supiera cómo era esa boca que le hablaba en la distancia; nota tras nota acurrucando en sus dobleces los sabores del mejor fútbol, del Sevilla y el Atlético de Madrid en la Liga Europea, de alegrías, decadencias, malestares, mensajes navideños y deseos de salud y paz. Salió premiado el número de lotería que compartían aquella Navidad, económicamente triste pero saludablemente orgulloso de haber servido de lazo esperanzador.
Ya estaba al acecho una primavera más y la feria del libro abrió sus puertas. Él recibió un pequeño libro lleno de grandes sentimientos en el que el autor rogaba encarecidamente que no dejara de sonreír. Laia, como él la llamaba, recibió una rosa virtual, que aunque Diego hubiera deseado que fuera real, hidrató su alma y provocó una explosión de cariño hacia aquel hombre que a quinientos kilómetros paseaba cada día más cerca de su corazón. Ella contestó a su correo: ‘Tengo muchísimas ganas de verte’, al que él respondió: ‘Ídem de ídem’.
Caminaron los días, en filas de dos, de tres, marcando el paso, y entre correo y correo, celebrando la victoria de España en el Mundial, ella le dijo que había asistido al CEDI(1) presentando su ponencia “Sistemas de Análisis de Huellas Digitales” y que habría sido estupendo que él también hubiera podido…Y de pronto escuchó la palabra precisa en el momento más travieso, ese que siempre anda dando la lata y al que tienes que regañar porque está interrumpiendo algo importante. A Diego le vibraba la voz al decir que pronto asistiría a las Jornadas Nacionales de Seguridad Informática en Madrid. Al fin se conocerían, cenarían juntos y hablarían largo y tendido…
Y entonces su voz y sus palabras fueron tomando forma. En su último correo, la víspera de su llegada, Laia le preguntó cómo era, cómo podría encontrarle en una cafetería llena de gente y él, con esa risa peculiar, no sonora sino lanzada con señales de humo y a ritmo de tan-tan, le contestó: “¡Quilla!, yo que quería sorprenderte… Pero bueno, te hago una avanzadilla: me parezco un poco a Al Pacino. ¡La curiosidad hay que mantenerla viva hasta el último momento!”
Rió al imaginar si sería moreno, llevaría el pelo revuelto y tendría la mirada profunda, aunque estaba segura de que lo mejor de él lo encontraría en su interior. Probablemente sería divertido, sincero y diría lo primero que se le pasara por la cabeza.
Laia, como cada tarde, tomó el tren en El Pozo y tras un largo recorrido salió al Paseo de la Castellana. Se dirigió a la cafetería en la que habían acordado encontrarse y entró echando un vistazo rápido a la gente. Se sentó en un taburete y pidió un cortado. De pronto, escuchó una voz que hablaba por teléfono y sintió que le era conocida. Dio media vuelta muy despacio y allí estaba él. Realmente era un hombre moreno, aunque de pie y de espaldas no pudo percibir su presencia.
Así fue como él se presentó aquella tarde de martes. Se vistió como cada día, no tuvo que disfrazarse y coger la de cañón recortado para llevar a cabo un trabajo más de la camorra napolitana. Su traje y su voz eran de innata naturalidad y por eso a ella no le fue difícil reconocerle.
Minutos después él aún hablaba por teléfono. No sabría precisar en qué segundo se giró, pero fue exactamente en ese instante cuando sus miradas se cruzaron. Laia esbozó una sonrisa y un saludo con la mano. Diego, algo nervioso, sonrió sin dejar de mirarla. Él pensó que... Ella también lo pensó.
(1)Congreso Nacional de Informática


-¿Por qué Al Pacino?- preguntó Laia, mirándole de arriba abajo e intentando encontrar alguna semejanza.
-¿No has visto la napia que tengo?- contestó él paseando el dedo índice por su perfil interminable.
-¡Vaya! Repasé todo menos la nariz, pero lo que más me gusta es ese acento tuyo de mafioso andaluz.- contestó ella entre carcajadas.
El tiempo se detuvo y a partir de ahí, el café negro y amargo pasó a ser el más exquisito, humeante y tornasolado que jamás habían degustado.
-¿Sabes? He de confesarte que más que estas Jornadas, me atraía la idea de conocerte. Reciclarse es fantástico, pero tener la oportunidad de vernos lo es mucho más- dijo Diego mirándole a los ojos.
-Ya lo sabía- contestó ella. Y lo sabía y estaba segura, porque de haberse celebrado el congreso en Sevilla y haber tenido la oportunidad de asistir, le hubiera atraído el mismo aliciente.
Laia le llevó a cenar a una taberna en el Madrid de los Austrias. Bocado a bocado, saltaron las palabras, brincaron por la mesa y formaron siluetas de auténtica amistad.
La copa la tomaron en el “Café del Nuncio”, ese lugar tan entrañable de la calle Segovia donde preparan los mejores cafés y dulces de madroño de todo Madrid. Sorbo a sorbo, trago a trago, fueron saboreando sus gustos, su intimidad familiar, sus problemas, sus defectos. De sus bocas, mil secretos guardados y ahora expuestos bajo la luz de las velas con la naturalidad y sinceridad de los amigos que se confiesan sus temores y sus deseos. Se pusieron uno en el lugar del otro y se permitieron el lujo de darse consejo, se invitaron a reflexionar y esas palabras dieron paso a una corriente de aire limpio que atravesó la cueva tormentosa y llena de ruido que embargaba sus entrañas. Se introdujeron en los resquicios y grietas de sus vidas, en la de los que les rodean y pensaron en lo que les depararía el destino, a ellos, a los suyos, sus pequeños y sus mayores. Laia, sosteniéndole la mirada, acercó sus manos a las de él, grandes y confortables. Las tomó con cuidado y acarició sus dedos. Pensó que con ese simple gesto apreciaría lo que quería transmitirte. Diego no dijo nada, pero la miró a los ojos y sonrió. Ella supo que él lo había comprendido.
Al día siguiente, se encontraron en la misma cafetería y el camarero intuyó las mismas sensaciones participando en sus vidas con ese amable ‘Buenas tardes señores, ¿Qué va a ser? ¿Un café?’ Y los sentimientos se dejaron ver de nuevo. Más risas y más miradas cómplices.
Ya había caído la noche y continuaron con su charla amiga en ‘La España Cañí. Diego le dijo que guardaba las notas de colores y Laia riendo, contestó que ella no había tirado ninguna. Y el tiempo voló y llegó la despedida. Él la abrazó y le dijo que seguirían en contacto.
-Vendrás pronto a Sevilla, ¿cierto? –preguntó Diego afirmando.
Ella asintió, le correspondió en su abrazo y se separaron. Aquella noche él tardó en conciliar el sueño. Ella también. Se habían rebelado demasiadas emociones en muy poco tiempo y el trasgo gruñón no dejaba de martillear sus cabezas.
El jueves amaneció nublado y frío. A media mañana, Diego contestó a su mensaje: ‘Cojo el AVE de las cuatro en Atocha’. Laia lo devolvió: ‘Espérame. A las tres estoy allí’. Ella sabía que él se moría de ganas de volverla a ver. Él también sabía que ella se moría.
Mientras se dirigía a la estación, pensaba en lo difícil que es asumir la existencia de los sentimientos reales convertidos en diablillos rojos y dejar a un lado los que nos dictan el tratado del buen hacer, la obediencia, el respeto y la moral. En aquel instante sólo deseaba abrazarle.
-¿Qué virguería has hecho, niña? ¡Salir del trabajo para estar aquí conmigo sólo una hora más. Una hora!
- ¡Calla, hombre! ¿No ves que la ocasión lo merece y este momento es irrepetible? -le increpó con ese medio enfado quedón, tocándole las palmas como si en un tablao flamenco se hallaran.
- Te echaré de menos… Nuestras charlas… Muchísimo.
- Yo también. Quizá más.
Y en ese beso lacrado en su mejilla, en esa mirada fiel, en ese abrazo infinito y en esas palabras susurradas al oído, quedaron guardados para siempre los auténticos sentimientos. Ella no quería mirar atrás. Aquella tarde en la estación de Atocha, una lágrima se deslizó por su mejilla.
Mientras él viajaba, sólo pudo enviarle un mensaje al móvil: ‘Eres una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida. Siempre te llevaré guardado en una parcelita de mi corazón, en la de las esencialmente importantes. Te quiero más de lo que tú piensas. Un besazo’. Laia no sabe aún qué pensó él mientras lo leía, ni el registro de su sonrisa si la hubo, ni si acaso miró con chispas en sus ojos negros por la ventanilla las nubes alejándose o si se quedó pensando o memorizando lo que había leído, intentando llegar al fin del entendimiento.
Minutos después recibió un mensaje en el móvil: ‘Para el amor no hay palabras. Son los ojos los que hablan por el corazón. Un beso muy fuerte. Diego Villegas’.
Desde aquella tarde de otoño, no volvió a pasar una sola hora en su vida en el que con notas de colores, mensajes, llamadas o pensamientos no se dijeran, volando, ‘Cuídate. Te necesito a mi lado’.

domingo, 1 de abril de 2012

PEDRO JODAR MONTAÑES - FINALISTA - ESPAÑOLES POR EL MUNDO


                                                                                                   1
Creo que tiene su porqué, el categorizar la cultura y la idiosincrasia de los norteamericanos. La idea que tenemos de ellos en general es que cometen extravagancias sublimes, y esas se recuerdan.
 
Por eso que nos llama la atención muchas de sus cosas,que pueden ser auténticas horteradas. Para concretar mejor: americanadas. Nosotros dos españolitos cierto día hace ya, les disputamos el puesto uno. Con buen espiritu deportivo
 
Cuarenta y nueve días, echábamos en cubrir -eran los años 80- con el bulk-carrier Vitoria,la ruta de Sanghay-San Diego,la preciosa y enorme ciudad meridional de California. Esta ciudad me vino de perlas -aparte que me tocaba- para volver a recordarle al primer oficial de puente ,que informara al consignatario ,para solucionarnos la burocracia con la Migra , y desembarcar. Vacaciones de ciento veinte días, un chaval gallego el palero de máquinas y, éste el calderetero.
 
-Don Luis...¿sabe ya el consignatario, que nos desembarcamos? por enésima vez al de Tenerife.Una persona de expresión antipática,adusta.Un tio rarito.
-¡Vete al caraho pibe¡...me lo has  preguntando  mil veces ,¡ quien se baje a tierra,con un billete de avión abierto, la Sepsa -Cepsa- no suelta mil dólares por  barba de anticipo¡.
-Pero don Luís,  en la China roja ,ni un solo "remimbi" le hemos pedido,¿me va a negar mil dólares mierdosos?....-Había que ser borde, porque me enervaba la  malafollá del oficial de cubierta.
-Os váis derechitos a España, le pasáis los gastos a Madrid cuando lleguéis, y listo.Venga ,que vuestras pibas tienen que estar que trinan de tanto tiempo embarcados.
-Está bien. A mi no me diga nada si luego voy al  capitán  Marrero,y se pone alterado  con películas así.¡Pero sepa,  que no piso Estados Unidos sin una perra¡.
                                                                                                  2
Puesto pié en tierra, con dinetrito fresco,en el pantalán de la refinería de Arco. Nuestra intención era viajar por carretera  hasta Houston. Un hermano del gallego trabajaba, en aquel tiempo, de veterinario en un matadero de reses. Lo quería visitar.

El nombre del pueblo donde hicimos noche, tras siete extenuantes horas de autobús,más dos días gastados en pendonear por san Diego, no lo recuerdo, para que voy a mentir Si recuerdo el motel  de ese pueblo donde nos alojamos, guarro, caluroso , que como pudimos comprobar la única noche que pernoctamos, estaba muy concurrido pues era un picadero de camioneros El pueblo, llano como el cristal de una mesa, unos mil habitantes. Anclado en la interestatal 83 como a  30  millas de Sonora, Texas. Inmerso en un imponente océano verde de melonares y maíz. Se palpaba por la agobiante humedad del ambiente.

Con una máquina de cortar el pelo. Una pequeña esquiladora australiana de ovejas, el marmitón me dejó la cabeza mondada .Las cicatrices de mi niñez en primera fila, se ufanaban de ser bien aparentes.
 
Para hacer más relajada la estancia, pues el aire era espeso, caliginoso como un haman turco,se nos ocurrió una idea: enjuagar la papelera de plástico de la habitación, que tenìa el fondo marcado con quemaduras de cigarrillos. Poner cubitos de hielo, con latas de cerveza, o lo que se terciara para tenerlas frescas,pero tener algo fresco.
 
-Paisano.-Me pregunta el gallego.-¿Cómo le digo en inglés al de la gasolinera,que me venda dos bolsas de hielo?.
-Por señas, es el mejor lenguaje universal,  te entenderá.
-Manda carallo y, si se mosquea.
-Sales por piernas.
-¿Nos acercamos mañana a México a por pantalones levis?.-Podríamos ir,  cerca está Ciudad Acuña, lo he visto en un cartel..Los de las maquilas, ya sabes, los "mao-setunes" con pasta,  nos lo quitaban de las manos.
-¿Las putas  de la frontera, venden ahora los pantalones de contrabando?.
-¿¿¿......?????
-No me mires así carallo,  que siempre te inventas palabras raras  para "fuderme".

                                                                                          3
 
 Con la simple explicación que le di,para comprar dos bolsas de hielo, éste marchó  a la gasolinera de la Exxon. Estaba distante del motel/picadero casi a cien metros. Como tardaba más de la cuenta, salí fuera para ver donde estaba. No lo veo, pero me llamó la atención que la acera a la izquierda, en una esquina había una adolescente, de pelo panocha,riendo escandalosamente, por algo que estaba viendo,pero yo no.

Tendría que ser algo divertido lo que pasaba allí, para el descojone de  la criatura aquella. También había pensado que en el bareto de más abajo apenas iluminado, con olor a mantequilla de fritanga , y dulzones miasmas de marihuana, fumada. Había media docena de tripudos moteros locales, con grasientas greñas de viejo león.Acodados, en la barra, en batería, uno tras otro. Le pregunté a la  camarera, si  había servido a alguien con otra indumentaria diferente, a la de aquellos mulos sedientos. Con expresión desabrida -responde : Ese que dices, ni a beber ni a cagar a venido...estará en otro lado, pregunta por ahí,-Le repetí la misma pregunta:.¿Tú ves que en mis tetas,llevo a tu amigo colgado?
 
Sali del tugurio aquel. De nuevo la bofetada del aire calentón  de la calle. En ese instante a mi izquierda, dobla la esquina el gallego, y me grita: ¡paisano,joder tráete el balde para llevar este hielo, venga coño que se derrite¡.

Entré a por el cubo,pero al llegar a su altura ,me quedé como pasmado de lo que veía : Estaba  postrado de hinojos ,sobre la acera, y con un canto rodado de río,golpeaba una enorme barra de hielo,tendría noventa centímetros de larga,y de guesa una barbaridad.

Psiquiatras de prestigio,como el desparecido Carlos Castilla el Pino,sostienen que el sentido del ridículo está inserto en el llamado instinto de supervivencia.En el caso de mi compañero de viaje,se podría decir que este delataba, ser un suicida de muy alto riesgo.
 
-Pero...¿de dçonde coño has sacado eso ?.-Cuando llegué a su altura.
-¡Paisano, cuando acabe de "esfoxar" la barra, voy a marchar a la gasolinera. Me voy a cagar literalmente en el padre del  negro ese. Joder que putada, esto no me pasa en Vigo.
-Tranquilo ,no vayas a montar un zipizape. Esta gente no se anda con remilgos, como le  pongas tiesa la cresta-Te mandé a por dos bolsas de cubitos, no este iceberg, ¿ Quieres poner una marisquería en Estados Unidos?.
-¿Tú crees que estoy "tolo"? vamos... un negocio tan lejos de mi tierra...
-No se,como se dice que los gallegos estáis hasta  en la luna...
 
La cuestión es, que la había traído resbalando , cruzando en diagonal el aparcamiento de la gasolinera,a la sombra. Dudaba  si unirme a la escandalosa risa de la chica que  se meaba encima del cachondeo que se traía , o llorar del ridículo que estábamos protagonizando. Su intención era  meterla entera en la habitación del meublé. No lo hizo, porque enfrente de nosotros, en la otra acera,nos estaba observando sin perder detalle una agente de policía. Su trasero lo tenía apoyado en el buzón del Us Mail. No nos quitaba ojo de encima.

No me gustaba nada la atención con que nos miraba la guardia. Cruzada de brazos golpeándose el mentón con un boligrafo. Aviso subliminal que nos mandaba,  que era para ella muy sencillo  multarnos ,o sacar la porra que llevaba al cinto y, alojarnos a pensión completa un semana, en la comisaría del pueblo.

-Como venga la gorda  para nosotros  nos pone tibios la tia.-Pero el otro a lo suyo ,pasaba literalmente de todo.
-¡Manda carallo, el moreno ese...¡.-Estaba el vigués que mordía, pero no paraba de cascar el témpano aquel.y, continua :Llegué  a la gasolinera y le digo: please  two  bag of ice..-Me hace señas el morenito, que a ver la pasta.- Le entrego un billete de cinco machacantes -dólares-se mete para dentro de la caseta, y sale con una ficha redonda verde, me la da y, con el dedo me señala las máquinas de venta...¡there,there¡  algo así me dijo.
-Vale... hasta aquí enterado me quedo, pero dime:,¿tendría bolsas también?.¡Aunque fueran gordos los cubitos como aguacates.
-¡A mi qué carallo me cuentas Le pregunté en qué máquina metía la ficha ,me señala:  ¡¡there, there¡¡.
-Habérsela devuelto. Como se enteren las vecinas que tenemos hielo, se va a convertir la habitación, en el palco del Celta de Vigo.-¿Encima cachondeo?,¡lo que importa es que tenemos hielo y punto¡.No lo entiendes, A mi  la cerveza caliente ,me provoca pedos.
 
                                                                                                 4
Acabó el troceamiento en plena calle sin problema, a pesar de estar  la  agente, caliente por venir a detenernos..Dejamos  los trozos en el cubo papelera, en la bañera y dejando los escrúpulos para otro momento: el bidet y el lavabo Daba pena tirarlos.
 
Prrrr...el timbre de la puerta, ¡ya está¡ me dije, la policía viene tarasca a montarnos una barraca,igual que la de Mc Karthy, a los actores comunistas de Holliwood.
 
Abrí muy desconfiado, y ¡uf¡ qué alivio.Alli plantado ante mi, estaba el de la gasolinera, el que le vendió el hielo. Con una carretilla de madera y, arrastrada por una sirga de nylon ,traía envuelta en una  arpillera de yute, ¡otra barra igual¡.
 
-Hola su amigo abandonó esto.-Me dice con una franca sonrisa.
-Paisano sal un momento estaban de oferta y te olvidastes de la segunda

-¡Que se meta la barra , por donde le quepa ¡carallo¡. Ah pero si está aquí mi primo.Tú que pasa,que me has visto cara de aldeano y has pensado :A este voy le voy a joder la vaca.
-Entre el chapurreo y el acento gallego,se va a creer cualquier cosa el chaval.
-Díselo tú,lo que son: two bag.....  de  h...i...e...l...o. Tan atrasados no estamos en Vigo.

Me cuenta entonces el muchacho que cuando le salió la primera  barra,el gallego no se paró a pensar qué hacer con ella.Se agachó,introdujo los brazos en la bandeja de la máquina y  la sacó.Empujádola con los pies la llevó hasta la acera resbalándola,  lo veía perfectamente, cómo empezaba a atizarle, la somanta de mamporros  con la piedra. Me pregunta que pasaba con la otra, porque había comprado dos.
-Llévasela a la camarera de aquí más abajo.
-Eso no es una buena idea, los que están dentro...
-¿Qué es lo que pasa ahí dentro?.Yo he estado hace poco y no he visto ninguna cosa rara.
-En este pueblo,cada cual tiene su silla donde poner el trasero.
-Ya...(que te pueden hostiar , por negro),no se lo dige,pero adivinaría eso.
-Pues nada chico muchas gracias,eres un tio fenómeno, con una tenemos suficiente.
-De acuerdo,que descanséis .Si necesitáis algo....Los mejores condones del pueblo  los vendo.yo,garantizados.
-Si  los cubitos son así, las camisiñas de Venus...-Mi amigo usando la gallega socarronería socarronería.

jueves, 29 de marzo de 2012

ELVIRA SUAREZ PAREDES - FINALISTA- ADIOS PALABRAS


 
He sentido su tacto. Pero ha llegado el momento.
He decidido escupir todas las palabras que llagan mi pensamiento. No dejaré ni una migaja de ellas. Morirán en estas páginas.
La tristeza fue mi compañera, pero su último suspiro llegará cuando esboce el punto final.
Ésta es mi historia:
Los colores del otoño ya habían irrumpido en el paisaje. Cuando conocí a “M” (no quiero pronunciar su nombre), mi vida estaba marcada por la confusión. Hacía dos meses que había roto una relación y no sabía muy bien qué camino seguir. “M” hizo que todo cambiase, mi mente olvidó la indecisión y comencé a creer de nuevo en el amor. Fue un flechazo.
A los pocos días de empezar a salir con él, ya me prometió amor eterno. Me agasajó con regalos y palabras edulcoradas. Me enamoré. Sería una falsa si ahora dijese que no. Como una adolescente que acaba de descubrir la pasión, me zambullí en una aventura que nunca antes me había arriesgado a vivir. Cada amanecer, unos versos de amor descansaban en mi felpudo. A mí me parecían los versos más hermosos del mundo.
Llantos en mis ojos si tú no estás,
alegría en mis labios si te beso sin cesar,
un mar en calma que me hace gozar,
ojos limpios imposibles de ignorar.
Si existe la belleza, sólo tú lo eres.
Si mi vida se evapora, sea contigo.
Reina de todos los seres,
por ti vivo.

Hoy, leo estas palabras y entiendo que no estaban cinceladas en sinceridad. Eran simples atrezos de un teatro que ahora mismo acabo de desmantelar. ¡Al infierno con los versos esculpidos en hipocresía!
“M” utilizaba una gran sonrisa como máscara seductora. En muchas ocasiones me he preguntado por qué no me di cuenta de su disfraz. Da igual: adiós a esa maldita pregunta. Jamás volverá a merodear en mi cabeza. Sé de sobra que estas preguntas nacen y mueren sin respuesta.
La relación circulaba a velocidad de vértigo, quizás ello ayudó a no ver ciertas cosas con la claridad que aporta el paso sosegado. Es curioso, pero si echo una mirada atrás (lo hago para no tener que volver a hacerlo), veo con luz racional lo que la nebulosa del amor me impedía advertir. ¡A la mierda con esas miradas atrás! A partir de ahora miraré sólo hacia delante.
<<“M” es un encanto de hombre>>, me dijo en una ocasión mi mejor amiga. Ya ves, Lucía, tú también te lo creíste.
La primera vez no fue la última. Ojalá hubiese sido. Pero, ¿qué estoy diciendo? Jamás debió haber una primera vez. ¡Qué cabrón! Su mano, ésa que tantas veces acaricié, se quedó marcada en mi rostro. Pero lo peor de todo es que esas marcas siempre calan hasta lo más hondo del alma, que es donde el dolor puede reírse de nosotras con más alevosía. Aquel fatídico día, aquel infierno que quemó las raíces de mis valores e inhumó los sueños que me habían acompañado hasta el momento, debe morir hoy. ¡Que te jodan, puto día!
Hubo una segunda vez, y una tercera…Sí, de acuerdo, ¿Por qué no denuncié antes?, ¿por qué no huí de aquella prisión? ¡No lo sé! Estaba totalmente anulada como persona. Llegué a sentir pena por mi verdugo. No podía imaginar una vida sin él. Porque, evidentemente, después de los malos modales y de los golpes, siempre venían las palabras robadas del teatro: <<Te quiero, mi amor. Perdóname. No puedo vivir sin ti>>. ¡Bolsa de basura!, ¡ábrete!, que lanzo todas estas mentiras a tu interior.

Yo, que fui maltratada por el hombre que amaba, sé lo que son los sentimientos envenenados. Conozco esa ansiedad que aprieta hasta dejarte sin un ápice de tranquilidad. He nadado en rompientes donde ni el salvavidas podía ayudarme. He llorado hasta que mis ojos ya no han podido fabricar más lágrimas. He sido escupida por la mala suerte que a veces nos tiene reservada el destino. He maldecido hasta la afonía sin que nadie pudiera escucharme. He creído que el único sentido de la vida era sufrir hasta el último bombeo del corazón. He pensado -sin querer pensarlo- que yo tenía la culpa. Me he deslizado por caminos donde las espinas brotaban a ambos lados. He conocido a la soledad en su apariencia más cruel.
Pero ya no habrá más. La pesadilla ha finalizado. “M” arderá en la hoguera de los hombres cobardes. Sus cenizas serán polvo del olvido.
¡Adiós, palabras! Ya nunca habitaréis en mí.



viernes, 23 de marzo de 2012

ESTRELLA CRUZADO-ARES-FINALISTA



Sentado en un rincón y tiritando, apenas se atrevía a moverse.La noche sin luna apenas dejaba percibir algunas sombras, algunos movimientos que hacían presumir la presencia de seres, quizás como él, quizás diferentes.

Él desde su corta edad no entendía lo que había sucedido en los últimos días. Recordaba con tristeza a aquel niño juguetón que compartía sus juegos y sus ratos.Los días previos de ajetreo y el calor irresistible de Sevilla de finales de julio. Las voces y discusiones no entendidas y los lloros de aquel su amigo.

Risas y llantos que a él a veces le parecían ajenos a sí mismo.

El colegio había terminado y la presencia de la abuela se hizo más presente:

-¡Niño estate quieto, no revolváis, ya verás cuando llegue tu madre de trabajar!,era el continuo soniquete de la buena señora.

Ellos ajenos, reían y saltaban en un terrible frenesí solo interrumpido por algún que otro programa de televisión en que abrazados a ratos dormian. También los largos paseos matinales con el abuelo, parecían calmar a las fieras.

Un día desaparecía una zapatilla, otro algún objeto caía al suelo sin posible reparación. También agujeros aparecían en alguna que otra prenda de vestir sin ninguna apreciación de su posible valor o marca…, después siempre lo mismo, alegría por la llegada de la madre, seguida de una regañina y un sálvese quien pueda.

¡Esto no puede seguir así, y con las vacaciones a la vuelta de la esquina!, ¡esto es un desastre!, decía la madre nerviosa y cansada.

De todo aquello, solo recordaba aquella discusión entre la madre y el padre, con voces altisonantes en que uno y otro argumentaba sin llegar a un acuerdo claro.

Frases inconexas como:

-No lo aceptan.

-No nos lo podemos permitir.

- He hecho gestiones con diferentes personas y a todas les viene mal.

- Hay que solucionar el tema.

De vez en cuando ambos volvían el rostro y solo encontraban pucheros y una gran tristeza en su cara redonda del niño, seguida de llanto.

Los días pasaban y no había ninguna solución.

Y llegó el domingo, ese de finales de julio, previo a las vacaciones. Como cualquier fin de semana de verano se dirigieron a aquella casita que un familiar lejano les dejo en herencia en un pueblo cercano.En el jardín continuaron los juegos y la alegría, solo las petunias y margaritas sufrían aquellos saltos y correteos.

Aquel domingo, si, aquel domingo, se fueron en el coche. Él como siempre, se subió el primero seguido de su amigo.Llegaron a un paraje lejano donde se bajaron. Era un frondoso bosque que mantenía un poco de frescor en su umbría que hacia soportable la canícula.

Después de caminar rápidos un buen trecho, él se alejó de ellos, guiado por su curiosidad y los olores desconocidos de aquel paraje.Al rato, volvió al punto de partida donde ellos estaban, pero no había nadie, un conejo aterrorizado, salió a su paso cuando buscaba el rastro de su amigo y sus padres.

Lentamente pasaron las horas. Cuanto más buscaba, menos reconocía el paraje y los aromas y personas conocidas. Le entro miedo.

Las lentas horas del día transcurrían y dejaron paso a la noche a las estrellas y a la tímida luz de la luna llena que invadió de sombras negras el paisaje.

Desconcertado empezó a sentir sensación de hambre y terror. Estaba acostumbrado que con las primeras horas de la noche, se llenaba su plato de comida y a beber esa sabrosa agua fresca que deleitaba con placer.Los ruidos nocturnos le rodeaban e intimidaban cada vez más.

Anduvo vagando sin rumbo, vio unas luces lejanas que le recordaron los paseos nocturnos rápidos con el padre a última hora del día.Cansado y amedrentado se fue acercando a aquellas luces, que según se aproximaba pasaban cada vez más rápidas.

Un silbido, seguido de un grito que le llamaba desde un coche blanco y verde, le hizo salir de su aturdimiento. No era el coche conocido, pero al menos era un coche y había personas. Bajaron dos hombres vestidos de verde, con gorras, que le fueron cercando. Él, quizás por miedo, quizás por cansancio se dejó hacer.

Una soga al cuello le ataba a una pieza saliente del maletero del vehículo. A lo lejos, fuera se oía la voz del hombre sin ningún matiz, alta como si no le oyeran, que hablaba por la radio del coche:

-Si negro…,

-Estaba en la carretera, vagaba sin rumbo…

-No, no había ningún coche cercano, ni nadie.

-Nos dirigimos para allá, esperadnos.

Era tarde y no había nadie cuando llegaron. Las altas verjas no mostraban presencia humana, solo los sonidos propios del establecimiento.

De nuevo se en el coche se dirigieron al cuartelillo. Allí en una celda maloliente le ataron a uno de los barrotes, le dieron agua, pero en su estado, no la probó. Estaba asustado y confundido.En la celda de al lado dos borrachos nauseabundos y llenos de alcohol increpaban a los guardias:

- Pero estáis locos, llevaros eso de aquí.

-Solo será esta noche y no sabemos a quién sería mejor llevarnos, despojos humanos.Decían, mientras no dejaban de reír.

Con las primeras luces de la mañana, volvieron al lugar que la noche anterior estaba cerrado. Había cobrado vida, la verja entreabierta no incitaba al paso.

Dos hombres sin miramiento y a golpes lo sacaron del refugio temporal, que había sido el maletero del coche. Había perdido la noción del tiempo y sus tristes ojos miraban sin ver. No se atrevía a caminar. Pero ellos le increpaban. Poco a poco y entre patadas y malos tratos fue introducido de nuevo en otra celda aún más pequeña y maloliente que la anterior. Ahora no tenía la cuerda al cuello y dolorido fue al rincón más alejado.

El reducido lugar estaba lleno de residuos y excrementos. Al rato una fría ráfaga de agua le hizo despertar bruscamente. Cubierto de agua gemía aterido. El agua dejo más o menos limpio el habitáculo, pero aun así todavía se mantenían los olores que impregnaban las desconchadas y sucias paredes.

Después vino la comida, que tiraron sin miramiento al interior, a la que se arrojaron sus compañeros de celda, mostrándole los dientes amenazadores.

El con sus Apenas nueve meses cumplidos, sucio y amedrentado no se atrevió a plantarles cara. Era ya 36 horas sin comer.Lentamente se acercó a un cubo con agua y lamio lentamente su contenido. No le produjo ningún placer.Nada entendía, nadie le era conocido.

Por la tarde de aquel primer día volvieron a aparecer aquellos hombres que le ataron y le pusieron en la boca un artilugio extraño que aunque le permitía respiran, no le dejaba abrir la boca.Con un palo mantuvieron alejados a sus otros compañeros, que hacinados en un rincón no se atrevían a moverse.

Un extraño hombrecillo le paso un artilugio por el lomo.

-Parece que no tiene. Dijo sin ningún énfasis.

Si nadie lo reclama, ya sabéis en una semana…e hizo una extraña expresión con su mano derecha, marcando el pulgar hacia abajo.

Los días pasaron sin ninguna novedad cada uno igual que el anterior. Poco comía, solo las sobras que los otros no querían, su hermoso pelo negro y brillante, se había transformado en madejas de nudos parduzcas. Pero a él todo le daba igual. Lejanos, recordaba los días de alegría y corredurías con su pequeño amigo. Nada entendía. Aceptaba sin lucha su desconocido destino. Fueron desapareciendo sus compañeros y otras aparecían.

Llegó la noche en que como siempre últimamente permanecía sentado en un rincón y tiritando, sin apenas atreverse a mover.De nuevo dos hombre ataron y pusieron ese artilugio en la boca que el inútilmente se intentó sacar. Apareció el extraño hombrecillo. Esta vez en su mano portaba una pequeña jeringa.

Cogió su piel y se la introdujo lentamente, noto el pinchazo y se fue adormeciendo, apenas se sentían ya los latidos de su corazón.El hombrecillo confirmó su muerte y mando a los hombresretirarlo, para después proceder a la incineración de sus residuos.

Nadie le lloraría, nadie con él correría, su nombre “Ares”, no sería pues, recordado ni pronunciado de nuevo.

………………………………………………………………………………………………………………………………………………



Este pudo ser el final de esta verídica historia de Ares, tantas veces repetida con otros, todos los veranos y de la que no queremos tener el mínimo conocimiento.

Ellos nos dan todo y así se lo agradecemos.

El final fue sin embargo otro: una llamada, un viaje de Sevilla a Madrid en una jaula, recogido a altas horas de la noche en una gasolinera y llevado a casa con todas las atenciones.

Ahora goza de una vida alegre y juguetona en el campo, donde le sobra la comida y nunca le faltará cariño y un lugar para cobijarse.

lunes, 19 de marzo de 2012

PEDRO FERNANDEZ GARCIA- FINALISTA-Vietnam, Motos y Clark Gable



 Aterricé en el aeropuerto de Da Nang, República Popular del Vietnam a las 18:30, hora local. Mientras el avión descendía, un pequeño nudo en el estómago hizo su aparición. Era una sensación, ya demasiado familiar, con la que mi cuerpo me alertaba, de manera inconfundible, cada vez que me dirigía hacia otro continente que apenas conocía y hacia un país, como en este caso, del que poco sabía con antelación. Y es que, sin ubicarse claramente y aturdido tras las largas horas de vuelo es cuando un descuido puede hacerle a uno perder hasta la camisa… como me había pasado hacia tan solo  tres años antes en Lima..
 Tras recoger mi equipaje, conseguí, al salir de la terminal, enlazar con el último autobús que partía inmediatamente rumbo a Hue, la ciudad imperial. Antes de iniciar mi tour por Vietnam, me había planteado la posibilidad de comprar una motocicleta y recorrerme el país de Norte a Sur. A priori, puede sonar como un plan estupendo y relativamente 'de moda' entre ciertos viajeros en el sudeste asiático aunque, en realidad, poca gente tiene las agallas de hacer ese recorrido dada la inseguridad en las carreteras: peligro de accidente casi garantizado, riesgo de ser timado por los locales en caso de avería y, sobre todo, que oficialmente un turista no puede comprar una motocicleta en Vietnam, por lo que no existe seguro ni para la moto ni  mucho menos contra terceros. “Si atropellas a una persona, su vida vale 4000 USD”  me dijo un vietnamita que conocí en un viaje de negocios a San Francisco hace unos años y que se dedicaba a la exportación de motocicletas Honda 'Made in Vietnam'.
   No obstante, me gustan las motos, soy un apasionado, si así lo quieren entender, así que tenía previsto alquilarme una tan pronto como me fuese posible, aunque por tan solo unos días, con la excusa de visitar, además de la histórica ciudad de Hue, los campos de batalla de la guerra contra los americanos en las tierras altas del norte de la antigua República de Vietnam, el valle de Aloui, en el límite con el país vecino, la misteriosa República Democrática Popular Lao.
 Al final, negocié con el hosco propietario de una tienda de motos el alquiler de una  Honda Win de 110 cc por 8 USD al día y la recogí a la mañana siguiente. Partí entonces desde Hue, temprano, enfilando a continuación la teóricamente más rápida Highway One, que cruza de norte a sur el país. La HW 1 está atestada de camiones, motos, autobuses y... baches. En una motocicleta, con lluvia y a 90 kilómetros por hora, uno la siente como granizo y, además, me veía obligado a llevar gafas de sol, para evitar las piedras, el polvo y el humo de camiones y autobuses, por lo que esa carretera  se convirtió en una pesadilla.
 Finalmente a última hora de la tarde, alcancé el pueblo de Aloui, en el oscuro valle de A Shuan, escenario dramático de la guerra del Vietnam por su proximidad a Laos y las infiltraciones del ejército norvietnamita. Ya en el valle, mi objetivo era localizar la montaña Ap Bia, también conocida como colina 937 o Hamburguer Hill. Un lugar tan recóndito y abandonado que era, sin lugar a dudas, una zona nada recomendable para turistas y demás aventureros del Coronel Tapioca…
  Salí del asfalto a pocos kilómetros de un poblado de cuatro cabañas, como indiciaba un viejo mapa de la región que había comprado a mi llegada en Danang. Databa del año 67, pero era lo único que había logrado encontrar en inglés.
Tenía que darme prisa porque de noche no sería capaz de orientarme en mitad del campo.  A unos cien metros, una vereda atravesaba el camino y se prolongaba a lo largo de las plantaciones de té de montaña. Divisé, allí mismo, una pequeña multitud congregada. Reduje a segunda y  continué  lo más discretamente posible. Pese a todo, esas personas ya se habían girado hacia mí y permanecían observándome, inmóviles, en silencio, impidiéndome continuar hacia delante. Estas gentes no están acostumbradas a los forasteros y, mucho menos, a un “nguoi my” (nariz larga),  así que uno debe intentar  actuar con naturalidad, siempre sin dejar de sonreír, si no quiere tener problemas.
 Esa gente vestía ropas más humildes de las que yo había visto hasta ahora en Vietnam. Eran campesinos 'Meos', una tribu marginada de las montañas, muy pobres y poco amigos de los forasteros. Dos de ellos, de mediana edad, me dirigieron unas palabras que no acertaba a entender y, entonces, vi lo que estaban haciendo. Se trataba de una especie de funeral. En la vereda tenían depositado dos pequeños féretros de madera pintados en tonos ocres. Los féretros eran apenas superiores al medio metro de largo cada uno y no podían portar en su interior sino cuerpos de infantes... La escena era demasiado tétrica para querer soportarla demasiado tiempo. Intenté preguntarles donde estaba 'Ap Bia y el más robusto de los que me habían dirigido la palabra anteriormente cambió bruscamente la expresión de su cara y me indicó que si continuaba adelante “You kaput You kaput!!!”. Su agresividad empezaba a ser más que latente, como la del resto de esa muchedumbre extraña, así que, prudentemente, arranqué de nuevo la moto, me di media vuelta y salí literalmente ¨zumbando¨ con tanto miedo como nunca había tenido en mi vida.
 Abatido por tener que regresar y abandonar la búsqueda de 'mi colina', conseguí, a pesar de todo, en el único bar de Aloui, que un lugareño que chapurreaba algo de inglés me explicara que necesitaba un permiso ´especial´ de la policía para llegar a Ab Bia, así que me dirigí al cuartel de la milicia local a solicitar dicho permiso.
 En tono desdeñoso, y tras una  larga hora de espera en el patio del recinto, me recibió sentado en su despacho el comisario de la milicia, un tipo de mediana edad y bigote fino a lo Clark Gable que lucía un polo blanco de tenis y unos pantalones cortos de color kaki, al que intenté explicar mi intención de visitar la colina
  Sin levantar la cabeza, me dio a entender de mala gana que no podía ir a Ap Bia, era zona prohibida, y si me dirigía allí… ¨you pum pum, you die¨, haciendo un ademán claro de que me largarse de su despacho de inmediato.
Abandoné humillado su despacho, dirigiéndome al patio del encinto, donde había aparcado la moto, dispuesto a poner 'pies en polvorosa' lo antes posible. Sin embargo, mi paso fue detenido por uno de los lugartenientes del comisario. Este, con tono grave y marcial, me pidió en vietnamita que le mostrara de inmediato los papeles de la Honda Win, los cuales no poseía, algo que él ya sabía, puesto que la tienda de alquiler no me había extendido ningún recibo. ¨Está claro¨, me dio a entender el lugarteniente. Esto significaba que la Honda era robada y que debían denunciarme y detenerme en su cuartelillo. Me ordenó que me quedará ahí, junto con un miliciano, mientras iba a buscar de nuevo al comisario.
  Aún no puedo explicarles qué me pasó esos momentos por la cabeza, si me vino de repente todo el estrés y frustración de un día demasiado largo, o si la idea de pasar toda la noche en un calabozo vietnamita se mi hizo tan insoportable que cometí una terrible estupidez: en un  despiste del miliciano de guardia, que se volvió para encenderse un cigarrillo, me monté de un salto en la moto, la arranqué  y me largué a toda velocidad...
[…] Estoy llegando a un cruce de caminos de gravilla, llevo menos de media hora de marcha, un joven en un viejo ciclomotor, que lleva en la parte de atrás un pequeño cajón con lo que parece una gallina, me salé inesperadamente por la derecha de la carretera.  Horrorizado, freno bruscamente, inclinándome hacia el interior de la calzada, pierdo el control de la moto y salgo disparado hacia la cuneta. La Honda se lanza sin decelerar sobre el joven y le arrolla despidiéndole contra una roca. El cajón con la gallina se precipita al mismo tiempo sobre el barranco del valle…
 Tardo varios segundos en ser consciente de lo sucedido. Postrado todavía en el suelo, siento un fuerte dolor en el cuello. Al menos el casco de fabricación china me ha protegido la cabeza... Consigo, finalmente, ponerme de pie y me doy cuenta de que tengo las manos completamente quemadas y mi pierna izquierda con la piel en carne viva.  Pero, ¿dónde está el chico?, me pregunto.
Al borde de la cuenta hay una roca que está teñida de rojo. El joven yace ahí mismo. Tose.  Está agonizando. Aparece de la nada un desvencijado jeep ruso del que salta el comisario del bigote a lo Clark Gable y,  señalándome, con su sonrisa maliciosa, pronuncia en un inglés tosco pero autoritario :  ¨You kill boy , you kill boy!!¨.
No creo que salga nunca de este maldito valle y el nudo en el estómago, que nunca ha querido abandonarme, me golpea con más fuerza que nunca...

viernes, 16 de marzo de 2012

INVISIBLES -FINALISTA- FRANCISCO DANIEL TRUJILLO


INVISIBLES

Solitarios, marginados, excluidos, como quieras.
Están ahí, tumbados en aceras.
Almas callejeras que saltan las barreras.
Pero a veces son enormes y no existe manera.

Es un camino, duro y doloroso.
Un agujero tan profundo como un foso.
Son situaciones amargas de la vida.
Ostias que te llueven, puntapiés en la barriga.

Escucha amiga, oye mira no desprecies a ese hombre.
Su ropa sucia no es sinónimo de pobre.
Mira más adentro la riqueza que se esconde.
Se cierran puertas y tú pones barrotes.

Eran banqueros, o funcionarios.
Eran chavales que fumaban en el barrio.
Eran inmigrantes en busca de trabajo.
Eran señores que curraron a destajo.

Pasas por su lado y lo haces con desprecio.
Se siente solo, el cariño ya es añejo.
Peor sería si no fuera por su perro.
En las noches más oscuras él sin duda es un destello.

Un día y otro en busca de un empleo.
Un día y otro en busca de un aseo.
Se acicala como puede, también se corta el pelo.
De nada sirve, en entrevistas no da el pego.

Se siente solo, se siente hundido.
Reflejos en cristales solo muestran a un mendigo.
El perfume de las calles, emana de su cuerpo.
Y actúa de muralla entre él y el mundo entero.

Lo último que escribo es esta reflexión.
Piensa bien quién es él, no lo juzgues, no está bien.
Actuando como actúas, te digo al cien por cien.
Que tu traje de Versace te hace más pobre que él.

martes, 13 de marzo de 2012

Prozac o proHate - FINALISTA -EVA SANCHEZ


Prozac o proHate*

(Primera)

       Estoy dentro de la sala..llevo una falda de tubo que se queda a la altura de mis rodillas atascada al sentarme en la silla , mis pies están juntos , mis rodillas se tocan ,,,,hace calor así que no llevo medias ,  mis zapatos son abiertos y planos por lo tanto cómodos , arriba llevo una camiseta, es de manga corta …todo es de color oscuro…casi negro.

Estoy intentado dejar de mirar mis pies y levantar la vista para verte ..no puedo,,,la vergüenza hace que no pueda alzar la vista , me avergüenzo de mi misma. Me es imposible mirarte. Dejo de pensar en mi arrepentimiento que no sirve de nada  y giro algo la cabeza..en dirección a la salida de la sala
Oigo el murmullo de la gente que pasa por delante de la puerta ,también se oye a lo lejos el frenar de los coches porque hay un cruce de calles  cerca, el olor a tabaco que entra en nuestra sala y es que el maldito humo de los cigarros mal apagados que la gente deja en el enorme cenicero que hay colocado en  la entrada de la sala se cuela lentamente aquí dentro .
-”Porque no apagan bien el pitillo?”-, me pregunto…”nos molesta el humo!!.”- .
Me empiezo a enfadar…ha pasado otro tipo y ha mal_apagado el pitillo….Me levanto de la silla y voy dirección a la puerta …pero no doy ni un paso y me vuelvo a sentar de nuevo.
Mi silla es de madera marrón clara, con el cojín tapizado con una especie de terciopelo color café y flores de lis negras…decenas de series de flores de lis …ese es mi sitio desde hace horas.
Nadie repara en mi , nadie me mira , nadie conversa conmigo.
[.....]

 (Segunda)

    Estoy mirando como juegas , tú estás en el pasillo sentada con las piernas estiradas y abiertas, muy separadas.
Trasteas en casa con esos cubos de plástico de muchos colores y diferentes tamaños, esos  que te gustan tanto, son unlos cubos que  apilas cuidadosamente uno encima de otro  y que cuando los  consigues mantener en equilibrio y convertir en una torre  tiras de un manotazo…al chocar con el parquet tu ríes sola…antes cuando lo hacías me mirabas, ahora estás tan acostumbrada a jugar sola que ni me miras, ni me buscas…estoy segura de que ni te percatas de que llevo un rato observándote …ni tan siquiera piensas  que estoy aquí.
Yo estoy hablando ahora con unos “amigos” pero me he quedado un momento como concentrada en ti , en lo feliz que estabas siendo en este momento.


La gente que nos visita hoy en casa es anónima, la he conocido hace algunos días en la calle y enseguida  ofrecí mi casa  para tomar unas copas y charlar. Lo que sea para escapar del tedio que me acecha ,,,así que la secuencia que repito con ellos en mi salón es esta: sonrío , hablo,  escucho aparentemente y  fumo.Los invitados ya  andan  por mi piso con toda confianza….yo me fio.,me parece que todo da igual no importa lo que haga.
Escapo del coloquio y  voy a la habitación grande, abro el cajón de la mesilla que hay a la izquierda de la cama,  sobre ésta hay un vaso con Coca Cola, ya está caliente …saco una caja, aplasto el plástico transparente de la tableta y sale expulsada una pastilla …TODO ES EXTRAÑO…para seguir conversando con ellos necesito esta pastilla , esta tarde me estoy pasando ..lo noto porque agarro el vaso para ayudarme a tragarla y a la vez intento sentarme en la cama, pero lo hago demasiado al borde y la bebida se derrama en mi vestido…El vestido que llevo hoy  es muy ligero, fresquito…típico de ésta época del año, es corto y de color claro..me sobra bastante…tiene tiempo y la perdida de peso en estos meses es más que evidente.
Seco con una pañuelo la mancha de la bebida en la tela y salgo de nuevo a la reunión ….en el salón hace más fresquito…sobre todo en la parte donde estás jugando. Ellos (l agente)han abierto la puerta de la terraza que da al salón y el ventanal que hay al final del pasillo y la corriente de aire hace que la tarde sea mas agradable…yo sudo menos…la excesiva ingesta  me produce siempre un terrible calor.
[..........]
No escucho el chocar de los cubos contra el parquet.

 (Tercera y última)

       Uno de ellos me llama…lo que estaba pensando se vá de mi cabeza y comienzo a conversar con él…más bien él conversa conmigo .Me cuesta centrarme en lo que me dice, el tema del que me habla no es que sea aburrido pero creo que la mezcla me está haciendo que sea imposible mirar a los ojos y , a la vez, mantener un diálogo coherente..intento mantenerlos abiertos y mirar a los suyos para dar sensación de serenidad….se me está haciendo difícil así que decido volver a la habitación grande y abrir de nuevo el cajón y saco otra de las cajas que guardo y repito la operación. Ésta vez me cuesta llevar el vaso a mis labios…no encuentro donde apoyarme ..la cama me parece lejana, me confirmo que la habitación está quieta soy yo la que no paro de moverme, trago a secas y vuelvo con los “amigos” y lo hago con dificultad, ahora si que soy incapaz de mantener conversación alguna porque tengo miles de pensamientos, se apilan unos encima de otros sin tener relación. Entre ellos me viene el del ruido con tus cubos y que antes …hace ya no se cuanto tiempo,..me extrañó no oirlos….Giro mi cabeza hacia el pasillo y después mi ojos intentan enfocar…solo veo el reflejo de la claridad del ventanal en el parquet brillante …veo algunos de los cubos y sus sombras en esa claridad ..no estás..Hago un leve sonido de angustia, ellos no se dan cuenta yo , como puedo, llego a la altura del pasillo donde jugabas…empiezo a decir tu nombre ..Cada vez lo digo mas alto hasta que termino gritándolo..Miro hacia el ventanal que abrieron y veo como las cortinas blancas entran a casa y salen a la fachada…se mueven con el viento, parece que bailan. Me acerco lentamente a ellas y comienzo a oír el murmullo de la multitud, el sonido de una sirena. Estoy en el borde del ventanal y muy asustada miro hacia abajo.
Te rodean , veo uno de los cubos a tu lado, es el de color naranja hace contaste con el rojo que inunda la acera poco a poco.


[......]

Estoy dentro de la sala..llevo una falda de tubo que se queda a la altura de mis rodillas atascada al sentarme en la silla , mis pies están juntos , mis rodillas se tocan ,,,,hace calor asi que no llevo medias y mis zapatos son abiertos y planos… así que cómodos , arriba llevo una camiseta, es de manga corta …todo es de color oscuro…casi negro.
Estoy intentado dejar de mirar mis pies y levantar la vista para verte ..no puedo,,,la vergüenza hace que no pueda alzar la vista , me avergüenzo de mi misma …me es imposible mirarte.
Nadie me molesta, nadie me mira, nadie conversa conmigo.
Han entrado los operarios ya , están contigo…van vestidos de marrón verdoso. Ese color es horrible, tanto como este lugar. Están retirando las flores que tienes alrededor. Me levanto de mi silla, me acerco mientras pienso:-”tengo que mirarte por última vez”-…Ando despacio y me acerco al enorme ojo de buey que nos separa , pongo las palmas de mis manos en el cristal..apoyo mis labios y te lanzo un beso…los que están dentro me miran , me piden consentimiento y yo con una gesto de cabeza se lo doy …estás encerrada, ya nunca mas te vas a caer.
Hay una voz que me dice “…ahora ya sólo tienes que pensar en ti.”

 
* El Prozac o también llamada  Fluoxetina, el principio activo de la llamada "pastilla de la felicidad", tiene el mismo efecto que tomar pastillas hechas con azúcar, es decir placebo, cuando se trata de personas que sufren depresión .