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viernes, 12 de agosto de 2011

II CERTÁMEN LITERARIO "ALBERTO N. GARCÍA PRIETO"...



Convoca CCOO CEPSA Madrid desde el MEGAFONOBAÚL de las letras...

El año 2010 fue un éxito de participación y de calidad. El año 2011 con toda seguridad será mucho mejor y con sorpresa…


Volvemos con 150 € gratificación al ganador/a.También vuelve un 2º y 3er premio con 50 y 30 € de gratificación.




Igual que el año anterior, los tres primeros trabajos elegidos como los mejores, se publicarán en formato cuadernillo. Y los restantes en megafonobauldelasletras.com.




Tenéis hasta el día 30 de noviembre para escribir y presentar vuestros trabajos y para que vayáis haciendo boca os adelantamos…

¿Extensión máxima?: Cuatro folios por una cara, tipo letra times new roman, doble espacio, tamaño fuente 12




¿Dónde lo envío?: bauldelasletras@hotmail.com



¿Quién puede participar?: Cualquiera que trabaje o haya trabajado en CEPSA o el GRUPO CEPSA de Madrid


Anima a tus colegas y lánzate tú también al mundillo de las letras, cuanta mas calidad y cantidad, mejor.

lunes, 10 de enero de 2011

MANUEL de Isabel Galán

finalista del certamen literario Alberto N Garcia Prieto

… Las vetustas escaleras de madera crujieron cuando sus pisadas plasmaron en cada escalón su huella. Llegó a la habitación 27, en la segunda planta. Apenas una tenue luz asomaba a través de los cristales que adornaban la lamparita de la mesilla, la suficiente para ver la silueta de la mujer que le esperaba impaciente sentada en el borde de la cama. Él se acercó y ella, clavando las pupilas en sus ojos, hablándole con la mirada limpia como tantas veces había hecho antes, se levantó. Le acarició la cara y le abrazó, susurrándole al oído un te quiero que latió en su sienes durante un minuto. Le besó la cara, los ojos, acarició sus cejas, su nariz, sus labios, para que se quedara grabada esa imagen para siempre en sus manos. Tomó por la cintura a esa mujer, la que sin pretenderlo, había conquistado su alma. Él le dijo algo al oído y ella se estremeció. Permanecieron abrazados, sin moverse, y un instante después comenzaron a quitarse el uno al otro la ropa. Lentamente, él desató el lazo del vestido rojo que llevaba anudado en su cuello, bajó la cremallera y suspiró. Los botones fueron cayendo, frágiles como si fueran de coral. Sus besos eran cada vez más cálidos, se rozaban con sus lenguas, marcando el perfil de sus labios, para que permanecieran allí sellados, para que nunca se marcharan. Él la tomó en sus brazos y suavemente reclinó su cuerpo sobre la cama, un mar de sábanas blancas que desprendían olor a flor de azahar. Comenzó a desnudarla mientras la besaba y ella inclinaba su cuello, haciendo sitio para que cupieran sus besos, dejándose amar. Cuando sus manos alcanzaron el pubis, pudo sentir su sexo húmedo, sus pechos turgentes, sus pezones agrandándose hasta tomar forma de fresa madura para ser comida, para acariciarlos con la lengua hasta no dejar semilla. A ella le gustaba y él lo sabía. Gemía con sus caricias, las de sus labios, las de sus manos, las del sexo que explotaba de emoción al notar su contacto.

Entonces ella, hablándole bajito le pidió que se tumbara. “Cierra los ojos” –dijo- y él sorprendido, se dejó hacer. Empezó a acariciar su pelo, su cuello, sus oídos y besó sus ojos cerrados, los que veían a través de los párpados porque estaba emocionado; sus labios poco a poco entreabrieron su boca con la lengua, agotando todas las posibilidades antes de entrar en el juego del beso íntegro. Terminó de desnudarle lentamente, acariciando cada una de las partes de su cuerpo, mordisqueándole los pezones chicos que apenas resaltaban emergiendo de su blanca piel. Le besó infinitamente antes de que su sexo cálido rozara el ombligo de su amante. Resbaló por su pecho y plácidamente lamió el sexo erecto que se mostraba ante ella, que convulsionaba reaccionando a la excitación; le besó los muslos, su entrepierna y buscó ese lugar dormido donde nunca nadie había entrado. Poco después, ella tomó de nuevo entre sus manos aquel sexo, montó en su vientre y lo introdujo tímidamente en su abismo. Ahí estalló ese momento de locura que durante tanto tiempo había soñado.

“Quiero que estés dentro de mí”- susurró en su oído. Ella subía y bajaba, cabalgando en prados imaginarios, dibujando círculos con su cuerpo, con sus caderas, mientras él ya no era consciente de la realidad. Tomó sus pechos, tomó sus pezones con los dientes, con los labios para no hacerle daño, la besó con pasión. Al mismo tiempo, los rizos de su melena marrón, destellos color como el de las hojas de otoño mojadas, caían sobre sus ojos, y él enredaba sus dedos en ellos, entrelazándolos mientras la miraba con dulzura, como sólo esos ojos oscuros que se tornaban del color del azabache, sabían decir. Él la penetró una y otra vez, con la ternura que desprendía su cuerpo y al tiempo con frenética pasión. La tomó entre sus brazos y con sutileza dirigió su boca al pubis, a su sexo, empapado de cariño. Lo lamió mientras ella no dejaba de gemir, de apretar su cabeza contra su todo, contra su vientre. Su clítoris aumentaba de tamaño, desprendía fuego y él supo que estaba gozando. Apartó su boca y ella le invitó de nuevo a entrar en su ser, mientras le decía que apretara, hasta el fondo, hasta lo más profundo de su cálido hogar. Ella tumbada boca arriba, apoyó la planta de sus pies en el pecho de aquel hombre; él estaba de rodillas, le acariciaba las piernas, besaba sus pies, no dejaba de moverse. El tacto de su piel presagiaba que cerca estaba el fin, que el relámpago llegaría en cualquier momento. Y así fue, agotando los segundos, unidos el uno al otro, besándose con pasión, empapados en sudor, estallaron de gozo, sin aire, con mil palpitaciones en su haber. Se abrazaron intensamente y desnudos, sobre las sábanas blancas, se miraron y no hubo otra palabra porque sus ojos todo lo decían. Se acariciaron los labios, como al principio y se fundieron en un beso que les pareció interminable. Horas, minutos o segundos después, ella se incorporó y sonriendo le miró. Le tendió la mano y juntos se incorporaron y se abrazaron. Fue en ese momento, al girar la vista, cuando en el espejo que descansaba sobre la cómoda, encontraron el desnudo reflejo de la felicidad. Caminaron abrazados hasta la ventana y a través de los visillos de organza, vieron cómo hacía explosión otro obús, cerca de la Estación de las Delicias.

Algo así debió ocurrir aquella tarde, el día en que mis abuelos le engendraron en un hotel de Madrid, una tarde tibia de verano. Era once de agosto y aunque lucía el sol, ella tenía las manos frías.

Setenta y ocho años después, intento imaginar, recrear en mi mente la escena de cómo sucedió y todo lo que se dieron. Para dar vida a un ser que irradia luz, que rebosa de alegría, que es fuerte en momentos terribles, que regala besos a diario, que llora a oscuras y en silencio para que nadie sienta su malestar, que da todo sin pedir nada a cambio, que sonríe al más malvado, debe haberse puesto mucho amor y sensibilidad. Manuel me fue mostrando a lo largo de su vida cómo debían tejerse las inquietudes y las ilusiones; cómo aprender a afrontar el devenir de los acontecimientos, los tristes, los inesperados, los sorprendentes y hasta los que pueden producir enajenación temporal. Ahora no puedo pedirle una respuesta si una duda asalta mi interior. Se durmió hace siete años, pero sé que en sus sueños yo también amo y sonrío...Hay algo suyo en mí. Alberga parte de mi corazón y puedo sentirle cuando, en mis sueños, me abraza.

sábado, 8 de enero de 2011

LA PROMESA DE JOSE VALENTINEZ RAMIREZ

FINALISTA DEL RELATO ALBERTO N GARCIA PRIETO

Los llevaron a tres kilómetros del pueblo. Les hicieron cavar un profundo agujero. Les alinearon delante. Eran cinco, entre ellos tu padre. Sonaron varias descargas. Unas palomas que venían del pueblo desviaron su rumbo y volvieron al refugio del campanario. Otra manada de gorriones abandonó apresuradamente los cables donde tomaban el sol. Cuando el último cuerpo tomó tierra, cesaron los disparos. Mi padre me juró que sólo disparó al suelo... y sin embargo, aquello le amargó el resto de su vida. Murió antes de ayer. Me dijo que te diera este plano… señala donde está más o menos la fosa. Me dijo “Dáselo al hijo de Juan que está con eso de la Memoria Histórica, por si les sirve de algo…y pídele perdón”.

“Gracias hombre” dijo Juan (hijo de Juan y nieto de Juan) mientras recogía un amarillento folio doblado. “y tú ¿Qué es de tu vida?” (Cuando no se tiene claro que decir, una pregunta siempre es una buena defensa).

“Me fui del pueblo hace diez años. Vine también aquí a Madrid. Soy abogado.” Sonrío. “..Dicen que la política es racional. Yo creo que también es genética. Mi padre de derechas de toda la vida... y yo también. Tu padre maestro republicano y tú republicano militante. Rara avis en estos tiempos juancalescos. Al menos nosotros no andamos a tiros. “.

Juan esbozó también una sonrisa… “ No, claro porque nosotros no mandamos”

“¿No?, Zapatero en la Moncloa”.

“Digo mandar. Mandar de verdad.. Como Botín o Rouco”.

***

Juan abrió la puerta de su casa. Dejó la chaqueta sobre la percha y pasó al salón… Su hijo le recibió con una amplia sonrisa… “Venga papá que ya sólo queda una hora”.. Sin embargo, no se levantó del sofá. Su enfermedad, le producía un profundo cansancio que le forzaba a evitar cualquier esfuerzo innecesario.

“Ya estoy aquí y con las palomitas”…Juan mostro un gran paquete que había ocultado llevando su mano izquierda a la espalda.

Al recordar la conversación con el hijo del Luciano, Juan miró instintivamente al aparador: En una de las baldas, flanqueada por dos pequeñas banderas republicanas, la foto de los ocho concejales republicanos que gobernaban el ayuntamiento granadino de Almurada de la Torre en 1.936 entre ellos, su padre y, una única mujer, la madre de Aurora, su compañera, que se libró por los pelos del paseo, pero estuvo 8 años en la fría cárcel de Saturrarán. A un lado las tres o cuatro cajas de medicinas que Pedro tenía que consumir diariamente.

Cuando Iniesta marcó … Pedro dio un salto del sofá y como un nuevo Lázaro dio dos o tres vueltas al trote alrededor de la mesa que separaba la televisión del sofá. Brazos en alto... “Gol Gol Gol!“. Juan tuvo una doble sensación: alegría por un lado, España por fin ganaba un mundial… Pedro nunca había estado tan alegre como si hubiera olvidado sus males…Por otro lado la pantalla se cubrió de banderas rojo y gualda… por las que seguía sintiendo un profundo desapego.. Y además estaba la promesa. “Papa, si mañana gana España... tenemos que salir a celebrarlo… a la calle”.

La bandera no formaba parte de la promesa... pero Juan se había pasado antes por una tienda de los chinos… “una mediana… por favor… si con palo de plástico.”

Cuando acabó el partido... Juan, Aurora y Pedro se montaron en su Megane, Pedro detrás sacando la bandera por la ventana. Al llegar a la plaza de Legazpí aquello se paró. Juan comenzó a tocar el claxon intentando sincronizarse armoniosamente con el resto de vehículos... y tras la arenga de su hijo “!Pita, papa, Pita!”

Y allí estaban .. en la marea roja .. que a Juan sólo le pareció encarnada…” roja, roja era otra cosa” pensó.

domingo, 19 de diciembre de 2010

MERCEDES, compañera y mujer de ALBERTO, en su nombre, para todos nosotros y nosotras

GRACIAS, DE TODO CORAZON

Acaban de pasar tres años del fallecimiento de Alberto. El tiempo transcurrido no ha hecho sino afianzar un íntimo sentimiento de amor que conservo y conservaré toda mi vida. Pero evoco también un sentimiento de calidez, lealtad y generosidad, que transciende su persona: todos aquellos momentos intensos que vivimos compartiendo valores, objetivos, emociones y metas, cuando todo a nuestro alrededor cambiaba a gran velocidad y nos sentíamos protagonistas y un poco partícipes de los cambios. Con un profundo sentido de compromiso y solidaridad. Con el paso del tiempo todo se volvió más complejo, pero estos valores han seguido persistiendo.

He tardado tiempo en poder escribir estas frases para expresar mi agradecimiento, porque esta iniciativa, el recuerdo a Alberto, un compañero fallecido, como la que habéis plasmado, es un acto de cariño, pero también de compromiso y solidaridad.

Yo os agradezco profundamente este reconocimiento por él, porque al revivir su recuerdo se mantiene viva su memoria, por mi, porque me siento más acompañada y más cerca de todos vosotros, de los que nunca me he sentido alejada, por mis hijos porque tuvieron la fortuna de tener un padre como él, pero la desgracia de que se fuera pronto y no pudieran compartir ni aprender todo lo que el podía y sabía dar, El nombre de su padre en este premio les permite recuperar una imagen de él muy difícil de transmitir ahora. Además creo que este acto solidario de reconocimiento apoya y refuerza a los que piensan que merece la pena luchar para que este país y este mundo sea un lugar más justo y solidario.

En un momento como el actual en donde se está tentado en olvidar la historia y las historias de muchas personas, donde valores como la generosidad, la solidaridad y el compromiso son considerados ideas del pasado, frente a lo material y lo individual este recuerdo tiene mayor importancia y significación. Hellen Keller decía que todo lo que amamos se convierte en parte de nosotros mismos, gracias por haberos conocido.

Finalmente agradezco a todos aquellos compañeros de Cepsa que hayan participado con sus narraciones en este premio llenando de vida, contenido y sensibilidad una idea y manteniendo vivo el recuerdo de una persona con sus fortalezas y debilidades, que fue fundamentalmente generoso.

En nombre de Alberto García Prieto,

miércoles, 15 de diciembre de 2010

CONCURSANTES Y RELATOS PREMIADOS EN EL PRIMER CERTAMEN LITERARIO ALBERTO N GARCIA PRIETO

Os adjuntamos los tres relatos ganadores del certámen, ahora bien, en el momento tengamos un poquito de tiempo, publicaremos los 41 restantes. Por cierto sentimos mucho no poder contar con algunos cuentos que se han enviado al correo creado para el certámen pero que no han llegado a destino. Saludos literarios a todos y todas.

RELATO GANADOR: "RESTOS DE UN HABANO", de Beatriz Llueca

Me arrodillé en aquel oscuro callejón con olor a orín. Tenía los músculos entumecidos por el frío y la humedad tras un largo día defendiendo mi parcela, compitiendo contra la juventud, la belleza o el exotismo de una piel dorada. Hasta los clientes más fieles habían desertado de mí. Les había dejado poseerme durante años y habían envejecido conmigo, pero ellos tenían la llave que todavía les hacía deseables. Yo, sin embargo, a estas alturas de mi vida y con todo el camino recorrido, apenas tenía ya nada que ofrecer. Cada mañana, frente al espejo, tratando de disimular las huellas de los excesos, me sentía como la colilla de un habano. Cuánto placer obtiene un fumador de las hojas del tabaco, inspirando su aroma, exhibiendo su presencia y exprimiendo su sabor a cada intensa calada, para que sus restos acaben aplastados contra un cenicero compartido.

Mientras desabrochaba la cremallera de su pantalón, atrajo mi cabeza con brusquedad, enganchándome del pelo. Sin fiesta previa, sin un halago, sin que quisiera ver mis turgentes pechos operados; lo único que conservaba de mi época de esplendor. Lo había hecho mil veces antes pero, escondida en una habitación, no sentía mi dignidad amancillada.

Temblé por la violencia de sus actos y lloré por la crueldad de sus insultos. Palabras antes escuchadas que, envueltas en un talón, perdían su hiriente efecto.

Aguanté, deseando el rápido final. Porque mi cuerpo estaba lleno de cicatrices es paradójico que lo realmente humillante fue ver caer quince euros sobre el suelo. Una tarifa fija se convierte en negociable cuando ya no dispones de todo el poder para defenderla y la competencia invade tu terreno. Cuando asumí el arte del regateo no supe verlo como el principio del fin. Era el paso previo para que mis clientes comenzaran a saltarse los términos del contrato verbal y me despreciaran tanto como para reducir voluntariamente el precio del servicio prestado.

Me levanté y, sin mirarle a los ojos, me dí la vuelta y eché a andar dejando el dinero tirado en el suelo. Los gritos que escuché a mi espalda eran los cuchillos de su orgullo.

Mis curvas ya no eran objeto de finos deseos ni mi aspecto digno de exhibir. El tiempo y la vida me habían consumido hasta convertirme en el resto de un habano, y, como tal, no estaba dispuesta a compartir el cenicero.

RELATO PREMIADO EN SEGUNDO LUGAR: "ANGELA", de Pilar Ramirez Marquez

No quería abrir los ojos, tenía miedo. Apenas podía ver a mi alrededor y no sabía si estaría sola. ¿Dónde estaba mi familia, qué habría sido de todos ellos?, ¿qué habría pasado?. Una y mil veces vagué por aquella habitación desconocida e intenté identificar los objetos que me encontraba. Ni siquiera recordaba el año en que vivía. Había fotos en la pared y todas y cada una de las personas que allí estaban, me resultaban auténticos desconocidos. Seguro que alguien me habría dejado allí y ya no lo recordaba, ¿cómo saldría de aquel lugar?. Por un momento intenté concentrarme en lo sucedido pero ninguna imagen me aclaró nada. Me senté en un pequeño sofá, frente a un televisor donde salían imágenes indiferentes para mí. Al fin tuve valor y abrí la puerta. Me dolían las piernas y apenas podía caminar. Con pasos torpes fui hacia una escalera y finalmente me decidí a bajar. Aquellos peldaños me resultaron interminables, pensé que caería rodando hacia quien sabe qué lugar. No veía el final del trayecto, estaba tan cansada. Finalmente me encontré en una sala aún mayor, con más luz y aquello me gustó. Me acerqué a la ventana y noté un ligero bienestar. Volví a sentirme tan sola, no había nadie, ¿quién podría aclararme algo?. Esperé un largo rato intentando descifrar lo sucedido. Vagué de un sitio a otro sin saber muy bien qué hacer. De repente se abrió la puerta y alguien entró, no podía distinguirle con claridad pero se acercó hacia mí y con una voz suave me dijo: - hola mamá, ¿qué tal el día?. No supe qué contestarle, únicamente le miré un largo rato hasta que finalmente le dije: - ¿Quién eres tú, qué ha pasado?. Aquel hombre me miró dulcemente y me agarró la mano, se sentó en frente de mí y no dijo nada, únicamente lloró y aquella lágrima cayó sobre mis dedos, pero no la quité, me gustó, por un momento la sentí cercana e incluso él me pareció cercano.

RELATO PREMIADO EN TERCER LUGAR: "LOS PIES", de Jaime DML

El dolor era ahora tan fuerte que le costaba concentrarse en cualquier otra cosa: las sombras de los cascos puntiagudos que se movían en la trinchera de enfrente, los disparos de ametralladora que pasaban por encima de sus cabezas a cada rato, incluso el recuerdo de la imagen de Illiana bañándose casi desnuda en el arroyo; pensara lo que pensara siempre regresaban aquellos malditos pies: doloridos, congelados, con un dolor que desde hacía media hora se estaba haciendo insoportable. Si pudiera abandonar su puesto, acercarse al refugio, pensaba, aunque sólo fueran unos minutos; podría cambiarse los calcetines mojados y las hojas de papel con las que se había envuelto los pies esa mañana. Ahora cuando se movía miraba de reojo hacia abajo, arrastrando un poco de nieve y barro bajo las suelas, y podía ver las burbujas moviéndose entre las grietas de sus botas, y eran como agujas que se le clavaban hasta los huesos. Una nueva ráfaga de balas atravesó la tierra de nadie y pudo oír los impactos en el talud de barro delante a él. «¡A cubierto!» Escuchó el grito del teniente, ya innecesario. Se encogió por instinto y los pies volvieron a acuchillarle dentro de las botas, juró entre dientes, y casi con lágrimas en los ojos dio un puñetazo a la pared de la trinchera, las manos estaban secas, pensó cuando se pasó el dolor para animarse, si se hubiesen mojado los guantes también entonces sí que estaría desesperado, pero eran sólo los pies. Calculó nuevamente lo que tardaría en regresar al refugio, apenas veinte pasos; se secaría con la manta, rápidamente, y luego le cogería las botas a Misha, ese cadáver que les miraba desde el suelo con sus botas secas. Con unas camisetas dentro los pies cogerían temperatura, entonces no le importaría salir al asalto de la trinchera enemiga, con unos pies calientes un hombre puede saltar y correr por el barro helado sin miedo a la muerte. Volvió a pensar en cual sería el rancho de aquél día, aunque ya lo sabía: las mismas coles de ayer y de antes de ayer; y los pies le dolían, ya no sabía si más que antes o desde hacía un tiempo era igual, dudaba que a estas alturas realmente pudiese andar. Un grupo de soldados apareció y se apretaron junto a la pared de la trinchera. Uno que se quedó a su lado resoplaba y tosía con voz ronca; le miró: «¿Que tal niño? ¿Estás preparado? ». «¡Calen las bayonetas! » Cuando escuchó la voz de mando se dio cuenta de que todos los que habían llegado tenían ya las bayonetas caladas. Tomó la suya con las manos algo temblorosas y la enroscó en la boca del fusil; sintió la adrenalina recorriéndole el cuerpo dándole calor. «¿Vamos a cargar?» murmuró, sin apenas voz « Si, muchacho » Miró al hombre: tenía una barba descuidada manchada de barro y unos ojos oscuros rodeados de arrugas, pensó que quizás hubiese estado antes en otros asaltos, y que hubiese sobrevivido a ello. Dos ametralladoras comenzaron a disparar hacia la trinchera de enfrente, el sonido era tranquilizador: los otros estarían ahora escondidos. «¡Ahora! ¡A la carga! ». Los hombres comenzaron a escalar los dos peldaños que les permitirían asomar el cuerpo sobre la trinchera gritando «¡Hurra!» con todas sus fuerzas, quizás simplemente para darse ánimo en esa carrera suicida. El hombre de la barba gritaba también, con una voz ronca y baja, mientras se apoyaba en su fusil para saltar. Él le imitó y al impulsarse sintió dos nuevas cuchilladas dentro de sus pies, resbaló hacia atrás y volvió a sentir un dolor insufrible al caer donde estaba. «¡Soldado! ». Levantó la vista y vio al teniente mirándole con los ojos desorbitados mientras le apuntaba a la cabeza con su pistola. Él se arrimó nuevamente en la pared de la trinchera y volvió a impulsarse hacia arriba. Llorando por el dolor empezó a trepar apoyándose con los codos y el fusil. Cuando ya pensaba que no podría subir sintió que el teniente le sujetaba del cuello del abrigo y tiraba de él, entonces pudo arrastrar el cuerpo sobre el borde de la trinchera. Levantó la mirada desde el suelo y vio algunas figuras oscuras caídas sobre la nieve a unos pasos frente a él y una línea de hombres que avanzaban encogidos unos metros más adelante. Se incorporó a medias y comenzó a andar, no podía articular el movimiento de los pies y andaba como un grotesco muñeco sobre zancos, cerrando los ojos por el dolor y con un grito ronco continuo. Entonces sintió un empujón en un brazo y cayó de espaldas al suelo, se quedó inmóvil mirando hacia el cielo gris de aquel día de invierno. Unos segundos después pensó: me han herido en un brazo, no estoy muerto. Me secaré los pies, se dijo entonces, y podré ver nuevamente a Illiana, bañándose casi desnuda en nuestro arroyo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

FALLO DEL JURADO: certámen literario Alberto N. García Prieto

Hoy se han fallado los premios del 1er concurso literario ALBERTO N. GARCIA PRIETO
Vuestra participación ha sido muy importante. Finalmente se han presentado 43 cuentos y relatos. En lineas generales tenemos que deciros que con un muy buen nivel literario.

Los cinco miembros de un jurado de "reconocido prestigio", han valorado cada uno de los cuentos presentados, estableciendo dos categorías finales: cuentos premiados y cuentos finalistas.

Las ganadoras o ganadores (no queremos dar mas pistas) del presente certamen literario han sido ya avisados telefonicamente, aunque no se les ha comunicado en ningún momento en que lugar han quedado dentro de la escala establecida en las bases. Será el día 14 de diciembre en el local del Comité de Empresa de Cepsa - Avda Partenon 12- planta baja, cuando se les hará entrega de certificado y premio.

A las 14,00 horas. Quien quiera y pueda acudir, está invitado.

Los premiados o premiadas nos leerán sus laureados relatos, que, de acuerdo con las bases del certámen, serán publicados en este blog.

Se procederá igualmente a hacer una foto de familia para su posterior presentación en nuestra web del megáfono baúl de las letras http://megafonobauldelasletras.blogspot.com/

martes, 30 de noviembre de 2010

SE CIERRA EL CERTAMEN LITERARIO ALBERTO N. GARCIA PRIETO

¿Cuantos relatos hemos recibido?
¿Menos de 15?
¿20 serían un éxito?

Pues han sido: 42, un exitazo que queremos compartir con todos vosotros y vosotras porque realmente vuestro ha sido.

Ahora le toca reunirse al Jurado y emitir su veredicto, posiblemente el día 10 de Diciembre: cuáles han sido, desde su óptica, los mejores.

Tal vez el mismo dia 10 o como mucho el 13 los ganadores o ganadoras recibirán una llamada... la del éxito.

Ahora toca esperar, las primeras impresiones son...eso:

IMPRESIONANTES

domingo, 28 de noviembre de 2010

ULTIMOS MINUTOS para la FINALIZACION del periodo de entrega de CUENTOS para el CERTAMEN ALBERTO N. GARCIA PRIETO

Si Alberto N. García Prieto pudiese ver la cantidad de gente de CEPSA Madrid que escribe, y que lo hace tan bien, se llevaría una gran alegría.
QUEDAN DOS DIAS para finalizar la recepción de los relatos y el número de concursantes nos ha impresionado, ¿de la calidad literaria? la hay. Hasta que no se valoren no sabremos cuales son los mejores. Llegar casi hasta los cuarenta relatos (llevamos 38 a falta de dos días), nos da una idea de la gran imaginación que tiene la plantilla.
Visto lo visto, lo más seguro es que el próximo año realicemos otro certámen, porque esto es un auténtico EXITO.
Con quince relatos nos hubiesemos dado por satisfechos, pero leer cerca de 40 cuentos y valorarlo por los cinco jurados nombrados a tal efecto, se ha convertido en una auténtica ALEGRIA y satisfacción