jueves, 20 de enero de 2011

LA CIGÚEÑA QUE NUNCA VÍ por Angela Suarez

Nací un día de invierno de hace muchos años en una tierra muy fría. Nunca me contaron si lo pasé mal al llegar  pero lo cierto es que soy la persona más friolera del  mundo.
Todos esperaban la llegada de un varón (entonces no se sabía el sexo hasta el día del nacimiento), por lo que imagino se sintieron algo decepcionados al ver que era otra niña, la quinta., el niño llegó después de otra  más, bueno éramos una gran familia numerosa que en esos tiempos resultaba muy normal.

Recuerdo cuando llegó la sexta hermanita. Era uno de esos días luminosos y largos del mes de Junio. Yo tenía 4 años. En la casa había mucha agitación, cargaban palanganas de agua caliente y sábanas limpias. Oía a mi madre en el dormitorio dando gritos y a mi padre tratando de calmarla. Yo estaba muy asustada, pensaba que algo grave ocurría e intentaba asomarme al dormitorio, pero no había forma de ver algo.

 Mi padre me cogió de la mano y junto a mis hermanas un poco mas mayores que yo, nos acompañó hasta la entrada del portal de la vivienda donde había una especie de banco para sentarse y señalando al cielo nos dijo: “Mantener los ojos muy abiertos, pues en pocos minutos vereis aparecer una gran cigüeña que en su pico y envuelto en algodón os traerá a un nuevo hermanito”. Llega de la misma manera que lo habeis hecho vosotros.

Aquellas palabras se grabaron como fuego en mi cerebro. Miré al cielo y esperé y esperé. Me dolía el cuello terriblemente y me escocían los ojos pero no me atrevía a bajar la vista al suelo por si me perdía la llegada de la  gran cigüeña.
No recuerdo el tiempo que permanecí allí, quieta, casi sin respirar y esperando….

Fue la voz de mi padre la que me devolvió a la realidad. ¿Pero no habeis visto a la gran cigüeña con vuestra hermanita colgando del pico?. Es una niña muy guapa como vosotras y se llamará Isabel en recuerdo de vuestra tía fallecida recientemente.

Como explicar la desilusión que sentí en ese momento. Quizá, no había estado suficientemente atenta al cielo, quizá en algún segundo de debilidad la cigüeña había pasado velozmente y no la había visto. Había perdido una oportunidad única y quizá no volvería a tener otra  nunca más.

La  recién llegada no me interesaba demasiado, sólo mi madre, sólo ella .Quería saber si el dolor de tripita se le había curado para poder preguntarle por la cigüeña. Ansiaba conocer de donde venía, si había una montaña cerca del cielo donde muchos niños esperan viajar en su nube de algodón hasta sus nuevas mamás,  cómo había entrado en  la casa sin que yo la viera y si pensaba regresar pronto. Me hubiera gustado darle las gracias por haberme traído hasta aquí.

Me acerqué a la cuna donde dormía la recién llegada y me pareció un poco fea, arrugada y muy colorada. Es posible, pensé, que en el viaje hasta la casa le hubiera dado mucho el sol y se habría quemado un poco.

Mi madre me sonrió, -Ven acércate. Siento mucho que no hayas visto la cigüeña que trajo a tu hermanita. Te prometo que la próxima vez,  que ya serás una mujercita, estarás muy pegadita a mí y la verás mejor que nadie-.

Pasé mucho tiempo en la habitación viendo dormir plácidamente a mi madre y a la nueva hermana. Creo que en algún momento me quedé dormida yo también y cuando desperté me encontré que había pasado a compartir el dormitorio con mis hermanas mayores. Yo también empezaba a serlo. A partir de ese instante me iba acercando a la promesa que me había hecho mi madre de estar a su lado en la próxima visita de la cigüeña.

Pasaros dos años. Un buen día al llegar del colegio encontré mucho movimiento en casa. Era raro, mi madre estaba en la cama pero cuando me fui por la mañana no parecía estar enferma. Ignoraba que podía haber ocurrido en ese tiempo. Pronto lo descubrí. Y las lágrimas corrieron como ríos por  mis mejillas. De nuevo la cigüeña había venido, en mi ausencia, sin advertirme, y todos estaban como locos de contento. Un precioso niño reposaba en la cunita de siempre y mis padres no paraban de hacerle carantoñas.

Salí corriendo de la habitación seguida de mi padre que intentaba alcanzarme Las lágrimas me ahogaban,  no quería saber nada, pero él me  estrechó entre sus brazos y trató de explicarme lo sucedido.

Mamá está muy apenada por no poder cumplir la promesa que te hizo. Ella esperaba que la cigüeña vendría entrado el verano, pero no ha sido así, se ha adelantado, quizá se equivocó de ruta y nos ha dejado un precioso niño al que estoy seguro querrás muchísimo. Yo te prometo que habrá una nueva visita y que tú estarás junto a nosotros para verlo.

Nunca más volvió la cigüeña a visitarnos. Se había acabado el envío de hermanitos a nuestra casa. Quizá no quedaban más, o ya éramos suficientes; la verdad es que estábamos viviendo un poco apretados, pero  me hubiera gustado tanto verla.

Han pasado 50 años, todavía me acuerdo de aquello y en la sierra, cada vez que miro a lo alto de la iglesia del pueblo donde paso los veranos, veo el nido y pienso que a lo mejor era de allí de donde venían los hermanitos nuevos.

Estoy  mirando al cielo y observando el vuelo majestuoso de una cigüeña  que ha salido a buscar comida para sus crías y me ha parecido ver entre sus alas como una gran bola de algodón de la  que colgaban dos  piececitos.


2 comentarios:

miguel gil dijo...

que conste que tu cuento a mi no me gustó pero...porque cuando lo vio mi mujer dijo que escribias mejor que yo, Angela, y eso me puso de una mala leche "quetecagas".

Bueno fuera broma, está muy bien, claro que.....LOS QUE ESCRIBO YO SON MEJORES ji ji ji ji
besos amiga

susana iturriaga dijo...

muy bonito, me halaga tener toda una familia de artistas. te quiere tu sobrina susana