viernes, 4 de marzo de 2011

UN PARENTESIS EN LA VIDA DE ROSA por miguel arias


Siento dolor por mi cobardía se repetía Rosa, el día 29 de septiembre, cuando comprobó que otros, como hace muchos años hacía ella, defendían sus derechos en la puerta de su empresa. Al pasar… tuvo que mirar hacia otro lado para no cruzarse con las miradas de aquellos que en otro tiempo fueron sus compañeros de fatigas, embebida de rabia y cobardía pensó… Pobres desgraciados.
Pero esa tarde, de ese día, llegó cansada e inquieta a casa, al entrar colgó su bolso y se detuvo frente al espejo mirándose fijamente, apreció como empezaban a aflorarle algunas canas, fue esa contemplación y lo sucedido ese día lo que hizo que en ese momento se distrajera y dejara volar su imaginación.  Apartó a un lado su vida cotidiana para reflexionar, como hace tiempo no hacía, sobre una faceta de su juventud que ya casi no recordaba y que había vivido como de plenitud y máximo deleite personal.
Enredada en sus recuerdos casi no podía identificarse, perpleja y conmocionada pensó que no hacía tanto tiempo había sido una persona vital, valiente, luchadora, que trabajaba, estudiaba y aún tenía tiempo para participar en otras actividades. Fueron esos tiempos los dorados años 70, de cambios muy rápidos, de grandes ideales, donde el compromiso, la solidaridad, el esfuerzo eran los valores imperantes.
Agitada, permaneció inmersa en sus pensamientos y por  un momento hizo un repasó de su vida ¿Quién era ahora esa mujer que se reflejaba en el espejo?, ¿Qué había sido realmente de ella?, ¿Alcanzó los objetivos que se propuso…?
Lentamente, reflexionando, se dio cuenta de que hacía mucho tiempo se había apartado de esos sueños, los tenía oxidados, carecían de valor, no tenían ya el mismo significado, incluso si lo tenían ahora era peyorativo, vivía demasiado cómoda para mirar hacia atrás.
Silenciosamente, casi sin darse cuenta se había acostumbrado a la placida comodidad. Como otros amigos, ahora sólo reverenciaba el valor de todo lo material, sus conversaciones giraban entorno a las adquisiciones de sus viviendas, a las gangas inmobiliarias, a como especular, poco a poco el dinero fue para ella lo más importante, lo más atractivo, casi todo lo podía comprar, ¡era muy fácil dejarse llevar por él!
Adormecida continuó con su anterior reflexión, le surgieron nuevas preguntas ¿Porqué había traicionado los anteriores principios, porqué…?  ¿A cambio de qué? Trataba de excusarse, explicándose a si misma que había hecho lo correcto, que los problemas futuros eran problema de los jóvenes y a ellos les correspondía buscar la solución, ella ya había luchado demasiado, era el momento de vivir del pasado…
A medida que contestaba a estas preguntas, mayor era su inquietud, realmente no se sentía satisfecha, su anterior felicidad estaba basada en la forma de conducirse en la vida. En lo más profundo de su ser existían atisbos de miedo, de miedo a perder todo lo material que había conseguido, sin más el desasosiego que experimentó, cesó al romper el espejo en el que se miraba, no quería conocer la verdad que encerraban sus preguntas, porque no quería saber en que se había convertido, no se reconocía, no sabía quien era.
A pesar de su negativa a seguir meditando, estos pensamientos no la abandonaban… ¿Cómo no he sabido estar en el lado que me correspondía, se repetía? ¿Cómo he podido desviarme de mi meta?  ¡Pero si esto es una máxima que aprendí hace tiempo!, se repetía… ¡Nada es gratuito!, si no estás dispuesta a defenderlo, otros trataran de arrebatártelo concluyó, quedándose dormida.
Al despertar, leyó la prensa, descubrió con espanto que un futuro que creyó cierto y seguro empezaba a tambalearse, sus inversiones se habían esfumado de la noche a la mañana, los agoreros de la bolsa vaticinaban un desastre de lenta recuperación, ahora que ella tenía como objetivo jubilarse, esta situación llenó de nuevos interrogantes su futuro inmediato, que creía cómodo. No sólo fueron estas las únicas malas noticias, se anunciaba también que un nuevo accionista árabe se hacía con el control de su empresa. Con sonrisa irónica pensó, mejor frenar mi imaginación, porque sé, sin que esto tenga mérito alguno, que soy capaz de acertar y acabarán poniéndome el velo…

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